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El costarricense ora y agradece a Dios, cuenta con un sistema que le permite conservar la salud y mantiene un sentimiento de amor a la naturaleza. Pareciera que, entre otras cosas, esto le produce felicidad

Así somos y vivimos

Datos publicados por este medio durante la semana anterior ayudan a dibujar ciertas características de los costarricenses que es interesante analizar.
Una de estas características que se siguen destacando en estudios internacionales es que, en general, somos felices. Ahora lo revela la Encuesta Mundial Gallup, donde se concluye que Costa Rica es el país más feliz de América. De acuerdo con ese estudio la felicidad depende de dos factores. La salud y la riqueza.
Al menos en lo primero, llevamos ventaja desde hace medio siglo. Los costarricenses tenemos acceso universal a los centros de atención médica, aunque haya que mejorar cosas en ellos. Una situación que apenas intentan, por ejemplo, los estadounidenses. Esto coincide con el primer factor señalado por Gallup para ser felices.
Otros beneficios provenientes de la seguridad social también generan un clima que puede favorecer que se conserve la salud y con ello el sentimiento de felicidad de esta población, donde hay un 63% que está satisfecho con su vida y es optimista sobre el futuro.
Por otra parte, un 86% de los costarricenses se preocupa por las consecuencias derivadas del cambio climático y un 50% realiza alguna acción como respuesta a esa inquietud.
Este sentimiento de la mayoría es algo que debe tomarse en cuenta porque revela características de la identidad nacional que no siempre coinciden con aspectos de la realidad como el manejo de nuestros desechos de todo tipo. Una situación que es consecuencia de políticas inadecuadas que se arrastran desde hace décadas.
Por otra parte, el costarricense en general cree en Dios y aunque algunos datos indican que no observa todos los ritos de la Iglesia católica con regularidad, la mitad de la población manifiesta ser católica practicante.
La diferencia pudiera deberse, entre varios factores cambiantes, a que en la sociedad de hoy han crecido los divorcios; las parejas separadas luego forman un nuevo hogar y no pueden, aunque quieran, continuar con ciertos ritos (ir a misa sí podrían, pero no comulgar). Esto podría ser también causa de migración al evangelismo de una población tradicionalmente católica.
En todo caso, tenemos a un costarricense que ora y agradece a Dios, que cuenta en general con un sistema que le permite conservar buena salud y mantiene un fuerte sentimiento de amor a la naturaleza. Pareciera que, entre otras cosas, esto le produce felicidad.
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