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Artes marciales inofensivas en  "Kung Fu Panda 2"

El panda más marcial del cine de animación, "Kung Fu Panda", busca a sus padres biológicos en esta secuela, que repite el exitoso e inofensivo esquema de la primera parte, aunque carga las tintas en unas cuidadísimas escenas de acción que rinden homenaje al cine de acción de Hong Kong.
Cuando Dreamworks creó a su buque insignia en el campo de animación, "Shrek", fanfarroneaba de lo trasgresor y adulto que eran sus criaturas animadas como contrapunto al siempre almibarado Disney.
Sin embargo, aunque la tradición ha sido más o menos respetada e incluso Disney se ha pasado al campo de la ironía y la doble lectura en muchos de sus productos para un mercado supuestamente infantil, "Kung Fu Panda", ya en su primera entrega de 2008, les demostró que el humor blanco y el no buscarle los tres pies al gato (o al oso en este caso) era también muy digno y, sobre todo, muy rentable.
Con el éxito de la primera entrega, llena de voces estelares como las de Angelina Jolie, Jack Black y Dustin Hoffmann, lo suyo era seguir explotando la fórmula y no han tenido que pasar más de tres años para que esté listo el estreno de la secuela.
Pero aunque la animación ha sido el género en el que mejor se ha invertido la norma de que nunca las segundas partes fueron buenas —especialmente gracias al crescendo de la saga "Toy Story"— lo cierto es que "Kung Fu Panda 2", si bien no desmerece, no supera al original.
Su argumento responde, eso sí, a la pregunta que todos los espectadores se hicieron: ¿por qué el oso panda protagonista es hijo de un ganso? La adopción era la explicación más fácil y, efectivamente, es el camino que la película elige.
La lectura psicoanalítica es prácticamente inexistente y definitivamente banal, pero sirve de excusa a los animadores de la cinta para desarrollar espectaculares escenas oníricas que emulan las antiguas acuarelas chinas y que se cuentan entre los grandes aciertos de la película.
El otro acierto es que la directora, Jennifer Yuh, ha querido homenajear con esta cinta al mejor cine de acción hongkonés, con la ventaja de que en la animación no se corren riesgos de accidentes laborales y las posibilidades son infinitas. Los resultados dejan con la boca abierta.
Pero por desgracia, la cinta no consigue ligar sus recursos estéticos y técnicos a un guion ya no solo consistente, sino que cuente algo más allá de la moraleja final de que la familia es la que te otorga el afecto y no la que te da sus genes.
Estando Angelina Jolie en el ajo, era claro que tenía que acabar así. Pero viniendo de Dreamworks, se esperaba un camino mucho más divertido y elaborado hasta llegar hasta allí.

Redacción Internacional / EFE
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