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Domingo, 18 de noviembre de 2018



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Arte y corrupción: museo brasileño expone obras requisadas

Bloomberg | Martes 26 julio, 2016

La colección incluye un pequeño lienzo de Picasso, uno de Salvador Dalí, y decenas de otras obras de admirados artistas brasileños como Vik Muniz, esperando la resolución del tribunal. Shutterstock/La República


Cuando la policía federal apareció en su puerta en Río de Janeiro con una orden de arresto a finales del 2014, Renato Duque tomó el teléfono. “¿Qué clase de país es este?”, le bramó a su abogado el ex director de la petrolera brasileña Petrobras, momentos antes de ser arrastrado a la cárcel bajo cargos de corrupción.
El arrebato de Duque podría ser un buen título para la colección de arte que la policía confiscó a los peces gordos atrapados en el enorme tejemaneje político y escándalo de corrupción en Petrobras, conocido en Brasil como el caso Lavado de Autos.
Los federales al parecer escucharon a otras musas, y las obras exhibidas en la Galería 7 del Museo Oscar Niemeyer, impresionante recinto del arte moderno y contemporáneo y el diseño en la ciudad sureña de Curitiba, fueron rotulados con el poco metafórico nombre de “Obras bajo vigilancia”.
Es una exposición inusual, como arte del holocausto robado por los nazis colgado en el Museo de Arte Moderno. Pero si la muestra tiene un decano, tiene que ser el propio Duque. Más de la mitad de las 270 obras modernas y contemporáneas bajo el cuidado del museo fueron secuestradas en su departamento de lujo. La fiscalía los ha acusado a él y a colegas suyos aficionados al arte de adquirir su tesoro a través de sobornos por contratos presuntamente fraudulentos de Petrobras.
Duque fue sentenciado a 20 años por corrupción, y ahora está encerrado en una cárcel federal sólo a pocos kilómetros del museo, domicilio que comparte con algunos otros magnates brasileños, operadores políticos y lobistas atrapados en la investigación Lavado de Autos.
Y ésa no es la única ironía de la exposición. En 1953, los brasileños celebraron la fundación de su empresa petrolera nacional con el grito de guerra de “el petróleo es nuestro”. La consigna se convirtió en un estandarte del orgullo civil, y Petrobras en un monumento del logro nacional.
Seis décadas después, es más bien vista como el emblema del enriquecimiento privado a expensas del gasto público, en beneficio de algunos peces gordos bien posicionados, cuyo bello pillaje cuelga ahora en las paredes del museo. Resulta que todo este tiempo los magnates pensaron que el petróleo era realmente de ellos, así como los óleos, los acrílicos, los collages, las litografías y la fotografía de autor, también.
De todas formas, no hay como un escándalo de corrupción para despertar la atención ciudadana. Sólo hay que preguntarle a Eli Eloi, el guardia de seguridad de la Galería 7. El comentario que más oye: “Veamos el arte que compró nuestro dinero”.