Arrestado líder del cartel de Juárez
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Arrestado líder del cartel de Juárez

Uno de las cuatro grandes agrupaciones de narcotraficantes de México en horas bajas

México
EFE

El cartel de Juárez, que perdió ayer a uno de sus “herederos” con el arresto de Vicente Carrillo Leyva, es una de las cuatro mayores organizaciones criminales de México que vivió su esplendor en los años noventa, pero desde entonces experimenta cierta decadencia.
“En algún momento fue el cartel más poderoso del país, a fines de los noventa”, dijo a Efe el especialista en seguridad Jorge Chabat, del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), quien considera que los años de mayor esplendor del cartel, aliado del de Cali (Colombia), son cosa del pasado.

Pese a todo, la encargada de negocios de la embajada de Estados Unidos en México, Leslie Basset, define dicho cartel como “una de las organizaciones criminales más despiadadas del país que controla una de las principales rutas de transporte de drogas ilícitas hacia los Estados Unidos”.
El 4 de julio de 1997 fue un día fatídico para el clan familiar al frente del cartel, al morir en la sala de operaciones del hospital Santa Mónica en Ciudad de México su entonces líder, Amado Carrillo Fuentes, alias “El señor de los cielos”.
Carrillo Leyva, el joven detenido ayer en la capital mexicana, es hijo de aquel histórico narcotraficante que se ganó su apodo por la flotilla de aeronaves destinada al tráfico ilícito de estupefacientes con que contaba.
La muerte de “El señor de los cielos” fue un hecho confuso con tintes dramáticos. Quería cambiar su rostro y se puso en manos de un equipo de cirujanos plásticos, pero murió en el quirófano.
Exámenes de ADN postmortem realizados en el riñón, hígado, pulmón, cerebelo, médula, miocardio, bazo y páncreas del cadáver en el Hospital Central Militar confirmaron la identidad del narcotraficante.
Los mismos señalaron que “El señor de los cielos” murió por una administración inadecuada de medicamentos postoperatorios tras una cirugía facial y una liposucción.
En aquellos años Amado Carrillo era el capo más buscado por México y Estados Unidos y contaba con un poder corruptor inmenso.
Ello quedó de manifiesto en febrero de 1997, cuando la fiscalía y la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) descubrieron que tenía nexos con el responsable de la lucha contra las drogas en México, el general Jesús Gutiérrez Rebollo.
El mando militar fue encarcelado sólo tres meses después de ser designado coordinador del Instituto Nacional para el Combate a las Drogas (INCD), una especie de “zar antidrogas” en este país.
En aquellos años el cartel de Ciudad Juárez manejaba el 60 por ciento de la cocaína colombiana que llegaba a Estados Unidos vía México, según la Agencia Antidrogas de ese país (DEA, por su sigla en inglés).
“El señor de los cielos” había convertido al estado de Chihuahua en su base de operaciones con el trasiego de cocaína y heroína enviadas por el cartel de Cali, encabezado por los hermanos Rodríguez Orejuela.
Amado Carrillo fue “uno de los capos con más visión empresarial” que ha habido en México, al transformar “una organización mediana” en “la más importante” de México, explica Chabat.
El analista recuerda que a la enorme capacidad empresarial de Amado Carrillo se sumaba otra habilidad: la de “negociar acuerdos con los otros carteles” que permitieron el trasiego de droga por el norte de México con relativamente bajos índices de violencia.
Chabat considera que pese a estar aún entre los cuatro grandes carteles de México, junto a los de Tijuana, Sinaloa y del Golfo, “ha habido una decadencia” que mantiene al de Juárez relegado respecto a sus competidores.
Su jefe actual es Vicente Carrillo Fuentes, alias “El Viceroy”, uno de los hermanos del malogrado capo.
Desde el 1 de diciembre de 2006, cuando asumió su cargo el presidente Felipe Calderón, y hasta el 15 de febrero pasado, 9.895 personas vinculadas con esa organización han sido detenidas por las autoridades de México.
La de Carrillo Leyva representa un golpe más a la estructura criminal del cartel, que podría estar pasando “por un proceso de reacomodo y fragmentación” interno reflejado, en parte, en la violencia que ha convertido a Ciudad Juárez en la urbe más peligrosa del país, concluye Chabat.

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