Nuria Marín

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Lunes 25 Agosto, 2008

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Arrancan las convenciones

Nuria Marín
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Con la realización de las convenciones nacionales de los partidos mayoritarios, el Demócrata, del 25 al 28 de agosto en Denver, Colorado, y el Republicano, del 1º de setiembre en adelante en Minneapolis y Saint Paul, Minnesota, rompen oficialmente los fuegos electorales en Estados Unidos.
Ambas convenciones tienen por objeto la nominación oficial de los candidatos a la presidencia y vicepresidencia (escogido por el “virtual” candidato), la adopción de la plataforma electoral (definiciones programáticas) y la definición de reglas electorales para el proceso nacional.
En el pasado las convenciones eran determinantes en la definición del candidato, por ejemplo la demócrata de 1912 requirió 46 votaciones para definir la nominación de Woodrow Wilson, y en 1924 se votó 103 veces para finalmente elegir a un candidato de compromiso, John W. Davis.
Esta situación varió en las últimas décadas en donde la función de la convención se centra en la ratificación del ganador de los procesos estatales (primarias o “caucases”), se aprovecha para unir al partido y para proyectar fuerza y liderazgo de cara a la elección nacional.
Se trata del evento político y mediático por excelencia, pues reúne a miles de delegados propietarios y suplentes estatales y de territorios como Puerto Rico y las Islas Vírgenes, superdelegados y periodistas, de ahí la importancia en lograr una cuota de protagonismo.
En su organización nada queda al azar. La definición del lugar, eventos, lista de oradores, tiempo, horario y uso de la palabra son decididos minuciosamente con cálculo político de precisión.
Como en todo, hay ganadores y perdedores. Vale recordar cómo una figura poco conocida, Barack Obama, en la Convención de 2004 se catapultó gracias a su discurso “The Audacity of Hope.” Entre los recientes perdedores está el ex candidato John Edwards, eliminado de la lista de oradores de 2008, luego de conocerse su infidelidad matrimonial.
Una de las convenciones más memorables fue la del Partido Demócrata de 1968, la cual algunos observadores asemejan con la actual. Ambas cuentan de fondo con una guerra impopular (Vietnam e Iraq), un electorado (especialmente pero no exclusivamente joven) disconforme con las ofertas tradicionales y la búsqueda de una nueva generación al poder.
En esta contienda, destaca la importancia de Internet (páginas, correos, facebook, y youtube) como instrumentos de organización, recaudación y comunicación. Su último exponente, la promesa a los partidarios de Obama de tener la primicia de su compañero/a de fórmula por mensaje de texto o correo electrónico.