Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 20 Diciembre, 2013

Estamos ante aspiraciones populares de un cambio de paradigma político, de desarrollo y de orientación hacia la globalidad


Sinceramente

Arquitectos de nuestro destino

En estos días la empresa CID Gallup y el periódico LA REPÚBLICA han dado a conocer una encuesta en la que el candidato Johnny Araya Monge, alcanza una preferencia de voto de un 37%. El importante hallazgo de la encuesta reside sin embargo en que José María Villalta Florez-Estrada está tan cerca del PLN, que le está pisando los talones con un 32% de la intención de voto.
Desde el Gobierno de don Luis Alberto Monge el país ha ido paulatinamente siguiendo una senda de desregulación, de privatización, de liberación cambiaria y de precios, de ruptura de los monopolios estatales comenzando por el bancario. Hemos suscrito tratados de libre comercio, hemos transformado el país para que este se integre a la globalidad. Hemos fomentado la inversión extranjera, se han otorgado ventajas a todas las empresas establecidas en zonas francas. El modelo seguido de incorporar a la globalización a la economía del país, de generar puestos de trabajo con salarios buenos internacionales, pretende abrir las mejores posibilidades de progreso al trabajador costarricense.


Se han forjado nuevos grandes capitales bajo esta forma de organización y a pesar de ello, la pobreza como proporción de la población costarricense sigue estable en el 20%. Se han formado capitales fantásticos y se han ensanchado brechas sociales, y hay 1.250.000 costarricenses que mal comen una vez al día, de ellos unos 350 mil un día sí y otro no... Esta situación me recuerda al Régimen de don Porfirio Díaz en el México de principios del siglo XX. Pareciera por las señales electorales, que el país está cansado de profundizar este modelo y anhela un cambio. La encuesta de CID Gallup da a don Johnny Araya el 35% de la preferencia electoral pero a don José María Villalta un 32%. El país se polarizó a partir de concepciones económicas, sociales, políticas, adversarias y conflictivas. El país se polarizó a partir del rechazo a la continuidad de un partido en el poder.
Esta elección de 2014 será decisiva. ¿Tendremos un gobierno de transición como el del doctor Caldera en Venezuela? La elección de 2018 será realmente la transformadora. La destrucción de la legitimidad del liderazgo político nacional está cosechando sus frutos.
La brecha social se ve reflejada en el Coeficiente de Gini que nos sitúa en estos momentos en una desfavorable posición en la América Latina. El país está pasando aún por las graves consecuencias económicas y sociales que la crisis internacional de 2007 generó para Costa Rica. Muchas personas no relacionan esa crisis con la nuestra. Se culpa al sistema y al Gobierno de turno.
La democracia y la libertad parecen estarle cobrando a esa situación coyuntural la cuenta de su abierta desesperación, en las casas donde el hambre es una realidad sólida y presente. La gente está votando por enojo, lo que es peligroso. Con amargura hemos leído al Latinbarómetro señalar para nuestro país un 47% de sus ciudadanos como habiendo abandonado sus preferencias democráticas.
La corrupción ha aflorado en el país con fuerza. Existe sin duda una crisis de honestidad. El pueblo teme a la impunidad.
Estamos ante aspiraciones populares de un cambio de paradigma político, de desarrollo y de orientación hacia la globalidad. Vive el país de nuevo la polarización que existió durante el referéndum que definió al TLC. Dos modelos, dos visiones, dos sendas divergentes se enfrentan en esta elección de manera muy clara y excluyente. Esta elección parece anunciar no una disputa entre viejos adversarios sino una ruptura con el mundo y el modelo anteriores.
La destrucción de la legitimidad del liderazgo político nacional está hoy cosechando sus frutos. Hoy el principio de presunción de culpabilidad prevalece. El magnicidio de unos se transformó en el baño de sangre de una clase política.
Hemos sido arquitectos de nuestro propio destino. En febrero sin duda forjaremos un modelo y senda futuros. La decisión en febrero será trascendental para todos por lo que se ve. Todos debemos votar, es un momento de grandes decisiones colectivas. Es el momento de forjar el futuro de Costa Rica. El abstenerse de una definición y de votar serían faltas cívicas capitales.

Emilio Bruce

Profesor
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