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Armas no


La imagen de la Costa Rica pacífica, de la cual nos hemos sentido orgullosos los ciudadanos a lo largo de las últimas generaciones se ha comenzado a teñir aceleradamente de sangre.
Se ha vuelto práctica común que muchos decidan tomar la justicia en sus manos y defenderse por su propia cuenta del hampa.
El descuido que se ha dado al tema de la inseguridad ha propiciado que muchos elijan la equivocada alternativa de adquirir un arma para así tratar de defender lo suyo.
El crecimiento este año en la cantidad de inscripciones fue alarmante: un 73% con respecto a 2007.
Pero el problema no acaba aquí. Entre armas inscritas e ilegales se calcula que existen en el país al menos unas 700 mil; es decir, una por cada cinco ciudadanos, lo cual rompe todos los récords establecidos hasta ahora a nivel nacional.
Mientras la ciudadanía continúa armándose hasta los dientes, en las calles todavía falta mucho por hacer en materia de combate a la delincuencia. Se ha prestado especial atención al crimen organizado, pero se ha sido tímido con la delincuencia callejera, esa que al final de cuentas es la que afecta a la mayoría.
Mucho se ha insistido en la necesidad de fortalecer nuestras leyes para castigar al malhechor y en estas mismas páginas así lo hemos hecho notar.
Pero hoy, también es necesario hacer un llamado de atención para evitar que Costa Rica pierda esa paz que tanto nos ha enorgullecido, esa misma paz que invocamos cada vez que entonamos nuestro hermoso Himno Nacional.
Es necesario regular de una mejor forma la tenencia de armas. Hay que reparar los vacíos actuales de la ley para evitar y combatir el mercado negro de tales aparatos.
Se debe garantizar adecuadamente que quien posee un arma se encuentra en las condiciones físicas y psicológicas idóneas para hacerlo, pues portarla conlleva una gran responsabilidad.
Costa Rica no debe convertirse en un país armado. Debemos luchar por mantener una sociedad pacífica de labriegos en busca del desarrollo, y no una de soldados vestidos de civiles.
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