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Arias, su modelo y sus procónsules

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 06 mayo, 2010



De cal y de arena
Arias, su modelo y sus procónsules

Don Oscar entrega la Presidencia de la República a doña Laura, mas no el poder. Lo que ha construido pacientemente y con más maña que elegancia una concentración de poder en su persona como jamás se ha visto en la historia de Costa Rica es preciado patrimonio que va a servirle de mucho en la consolidación del modelo social, económico y financiero de su predilección. Traspasa el simbólico bastón de mando pero no el poder. Su sombra se extiende habilidosamente por los órganos de decisión del Estado. Giran como el gallo de lata, según los vientos que soplen desde Rohrmoser. Nada arriesga con la llegada de doña Laura a Casa Presidencial. Aunque ella mantiene un tono conciliador, es aperturista, no imperiosa, y dista de las calenturas mesiánicas de su predecesor, de ningún modo cabe colegir que las orientaciones y metas del nuevo gobierno van a contrapelo del modelo neoliberal. Es más, la Dra. Chinchilla prometió continuidad y la conformación de su fracción parlamentaria y de su gabinete lo confirman: ahí está el sello Arias (el fierro, dirán otros) indeleble y elocuente. Sobre todo en lo que respecta a la visión de Estado, al manejo de la economía y a la subordinación de la “cuestión social”. Si en el elenco de colaboradores de la mandataria hay graves carencias de habilidad política, sobra claridad de pensamiento en lo tocante a la conducción de la economía donde es prominente el banquero Liberman, ya vicepresidente, quien se ocupará de consolidar el modelo consagrado por Arias.
En su mensaje a la Asamblea del 1º de mayo el Presidente no se alarma por el déficit fiscal y muy modestamente advierte que su vasta obra no cabe en el limitado espacio de su discurso. Y en otra monería pide disminuir (ojo) el poder de los partidos minoritarios, corregir los controles sobre la administración y reformar el marco institucional. Por su vocación cesarista, esto significa más sed de poder político. A satisfacer este propósito conduce el acta matrimonial firmada entre Liberación Nacional y el Movimiento Libertario y que bajo el eufemístico nombre de convenio sobre una agenda de gobernabilidad, no es más que el imprimátur de un protocolo de absorción de un sector de la derecha por otro. Su trascendencia está no en lo que ahí se escribe sino en lo que los hechos van a ir mostrando: los libertarios terminarán siendo víctima de la fagocitosis de la concentración de poder. Podrían rebelarse y reventar la cincha. ¿O se impondrá algo así como la omertá?
Veremos en qué queda la adhesión de la presidenta Chinchilla al continuismo cuando deba encarar el problema fiscal, el fuerte desequilibrio de la balanza de pagos, la ligazón entre la expansión económica y la expansión de precios, el crecimiento de la economía sin atender los criterios de equidad social, el aprovisionamiento de fondos para la inversión social y de infraestructura (indispensables para crecer, dar trabajo y abatir la pobreza) y el estrujamiento del sector laboral en medio de la anunciada ley de flexibilización en el empleo. O mantiene la ruta o se aparta. ¿Cuándo, cuánto? ¿Y cómo si las arcas las vació el doncito?

Alvaro Madrigal

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