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Apuesta perdida

• Kevin Spacey entrega una actuación deslucida, en esta triste celebración del juego de azar

21: Blackjack
(21)
Dirección: Robert Luketic. Reparto: Jim Sturgess, Kevin Spacey, Kate Bosworth, Laurence Fishburne. Duración: 2.03. Origen: EE.UU. 2008. Calificación: 4.

Ofreciendo la promesa ilusoria de un enriquecimiento rápido y sin esfuerzo, el juego de azar constituye uno de los engaños más grandes del llamado “Sueño americano”. Es una diversión peligrosa, pues puede convertirse en una terrible adicción, causando estragos en quien la practica. A pesar de ello, el cine y la televisión no pierden oportunidad para explotar sus atractivos.
De nada sirvieron las críticas incisivas elaboradas por filmes como “El jugador” (The Gambler, 1974), de Karel Reisz, o “Casino” (1995), de Martin Scorsese. La imagen glamorosa del mundo de las apuestas sigue intacta, tal y como se promueve en títulos escuálidos (y taquilleros) como “La gran estafa” (Ocean’s Eleven, 2001) y sus atroces secuelas.
A la misma categoría de “La gran estafa”, pertenece también “21-Blackjack”, insulsa intriga de suspenso, cuyo tono oscila entre el drama y la comedia, sin encontrar nunca un estilo definido. El argumento está inspirado en un best seller de Ben Mezrich, libro a su vez basado en hechos de la vida real. Sin embargo, la historia no tiene la menor credibilidad, debido a la forma superficial y anecdótica en que está narrada.
El dos veces ganador del Oscar, Kevin Spacey, entrega una actuación deslucida en el papel de Mickey Rosa, un profesor de matemáticas quien descubre un método infalible para ganar en el juego del Blackjack.
Rosa recluta a varios cómplices, escogidos entre sus mejores alumnos. Con ellos viaja periódicamente a Las Vegas, donde obtiene cuantiosas sumas de dinero en diferentes casinos. Un genio de los cálculos, Ben Campbell (encarnado sin pena ni gloria por Jim Sturgess), es el último estudiante en ingresar al equipo.
Los primeros minutos de proyección generan cierta curiosidad, pero muy pronto la narración pierde energía y se desinfla. Está afectada por una mala definición de caracteres, lo cual provoca una absoluta falta de interés con respecto a las vivencias de los protagonistas. Este problema se ve enfatizado por la mediocridad de todos los desempeños histriónicos, sin excepciones.
Al estar privada de una motivación o perspectiva ética, la cinta se resuelve en la exposición mecánica de situaciones reiterativas, que no muestran ningún tipo de evolución dramática. Los giros argumentales son contados y no son nada sorpresivos; al contrario, se tornan cada vez más obvios y predecibles.
Técnicamente correcta y confeccionada con profesionalismo, “21” decepciona como una caja de regalo, bonita por fuera y vacía por dentro.
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