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Una noche para la unión y la fuerza

Esta noche es Nochebuena. En Costa Rica y el mundo, para los creyentes cristianos, constituye la noche de esperanza y de celebración del nacimiento de Jesucristo, el hijo de Dios hecho hombre que vino al mundo para morir en la cruz y mediante ese acto redimir a la humanidad y devolverle la posibilidad de salvación del alma.
Pero aun para los no creyentes, el ambiente que se genera en los días previos a la Navidad propicia un mayor sentimiento de solidaridad, de sensibilidad, una época para manifestar amor en diversas formas.
Los cines y televisoras suelen ofrecer películas en donde el amor al prójimo es el gran protagonista en diversas tramas. Muchos contribuyen para que hospicios de huérfanos, de ancianos, de hogares muy pobres y en general los más desfavorecidos y sufrientes puedan recibir un regalo de una mano usualmente anónima.
Es la fecha en que muchos practican el perdón y están dispuestos a dar el abrazo que negaron durante todo el año. Es la hora de compartir la mesa, disfrutar de la unión familiar y ser mejores seres humanos.
Pero este año tenemos factores que se han sumado a la celebración de la Nochebuena para darle mayor sentido aún. La situación lamentable de inseguridad en las calles nos invita a estar en casa, el dolor de los costarricenses que han sufrido la inclemencia del tiempo en Limón, es una posibilidad adicional de brindarnos, de ser solidarios.
La crisis económica mundial, que no debe asustarnos ni tornarnos pesimistas, sí debe llenarnos de fuerzas y de ánimo de lucha para mantener todo el año el espíritu de la Nochebuena y hacer de esta una muy especial celebración cuyo sentido nos acompañe e inspire todas nuestras acciones.
En fin, que deberíamos aprovechar la Nochebuena para apertrecharnos de buenas intenciones y pasar del dicho al hecho, para decidirnos a construir con mucho amor, con el amor al prójimo que nos inspira la celebración de esta noche, una Costa Rica mejor, más justa, más transparente, más unida y de esa manera más fuerte para resistir sin amedrentarse cualquier embate.
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