Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 3 Noviembre, 2014

Podemos utilizar esa ventaja externa, si se mantiene, para tratar de acelerar nuestro mediocre crecimiento económico


DISYUNTIVAS

¿Aprovecharemos la caída del petróleo?

Entre junio y octubre de este año el precio del petróleo ha caído un 25% a nivel mundial. Esta es una gran reducción que se debe tanto a aumento en la oferta (sobre todo de Estados Unidos) como a una menor demanda fruto de la débil economía mundial.
Este cambio, si dura, sería de muy beneficiosas consecuencias para nosotros. Pero esto último no está para nada garantizado. Hace poco, a principios de octubre todavía se estaban estudiando por organismos internacionales cuáles serían las consecuencias para la economía mundial si a causa de los combates en Medio Oriente y en Ucrania se producía un shock petrolero y los precios ascendían un 20%.
La duración de la caída de precios dependerá de que los costos de producción no sean menores a los precios menores ahora prevalecientes. En caso de que lo fueran, la oferta disminuiría al ajustarse la producción, y los precios volverían a subir. No parece probable una disminución adicional de precio dado el costo elevado de extraer gas y petróleo mediante la fractura hidráulica de la roca, que es la metodología usada en las nuevas explotaciones.
Se estima que la producción mundial podría crecer el año entrante un 0,5% adicional, si este más bajo precio del petróleo se mantuviera. Esta es una muy alentadora noticia dadas las pobres perspectivas de crecimiento para este y el año entrante de Europa y Japón, el crecimiento menos acelerado de China, y el poco aumento de la producción proyectado para los países en desarrollo. Además, este menor precio de los hidrocarburos disminuiría la inflación esperada, con lo cual la política monetaria de Estados Unidos podría volver a ser un poco más expansiva y las tasas de interés no ascenderían, como ahora se considera que lo harán.
¿Cuál sería el efecto para nosotros?
Con un cálculo muy sencillo, tomando en cuenta el porcentaje del precio final que representa el costo de los combustibles importados, y el valor de esos productos hoy en el mercado, esa caída de precios resultaría en una disminución del orden de ¢100 por litro para el diésel, y las gasolinas súper y plus. Esto significaría un ahorro de entre el 13 y el 15% para el consumidor y para los productores, incluyendo el ICE en la producción de la energía que realiza con petróleo.
Con esa reducción de precios se obtendrían menores costos de producción, y habría más dinero disponible para el consumo de las familias. También implicaría una menor inflación.
A estos beneficiosos efectos internos se sumaría —además de una tasa de interés menor internacional y una economía mundial más dinámica como he señalado— una menor demanda de divisas para pagar importaciones.
Esa disminución de 25% en el precio de los hidrocarburos representa un 3% de menor costo de las importaciones totales, solo por su efecto directo (el ahorro de divisas habría sido de $561,5 millones en 2013).
Podemos utilizar esa ventaja externa, si se mantiene, para tratar de acelerar nuestro mediocre crecimiento económico y para facilitar el ajuste que se debe dar por el déficit fiscal.
Claro, también podríamos desperdiciar la oportunidad.

Miguel Ángel Rodríguez