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“Si esta deprimido esta viviendo en el pasado, si esta ansioso esta viviendo en el futuro, si esta en paz esta viviendo en el presente” Lao Tzu.
Nos pasamos la vida pensando en el ayer y en el mañana, cuando son claramente dos momentos con los que no podemos hacer nada, nuestros errores y victorias de ayer, nos hacen ser lo que somos hoy, y nuestro hoy es el que define quien seremos mañana, pero, pasamos tan ocupados en esos dos tiempos que no nos alcanza la vida para vivir EL HOY, se habla que más del 85% de nuestras preocupaciones nunca se cumplirán, 10% se cumplirán nos preocupemos o no y únicamente el 5% son importantes y válidas.


Hemos sido educados bajo una modalidad de “apúrese que le esta agarrando tarde”, para lo que sea, para empezar a caminar, decir la primer palabra, aprender a escribir, terminar el colegio, empezar la universidad, sacar una maestría, tener [email protected], el matrimonio, los hijos, cuando nos damos cuenta con 90años, de que valió tanta carrera si no se disfruto uno solo de esos 32 850 días, en los que solo se pensó en ayer y mañana.
En ese mismo “corre, corre” en el que vivimos, pocas veces le damos prioridad a la salud y olvidamos que sin ella, el mejor trabajo, la mejor familia, la mejor vida, no se puede disfrutar igual.
Y dejamos para mañana el cuidar nuestra alimentación, hacer un poquito de ejercicios, mañana desayunar, almorzar o cenar; “con estas papitas me la juego hasta la cena”, creo que todos lo hemos dicho. De un día de malas elecciones a otro, de una pizza a una hamburguesa “porque es más rápido y más barato”, de un “ay no, madrugar hoy no, mañana voy al gym”, de un “me está quedando tallado este jeans” a un “Señorita, con 26 años, pesa más de 100 kilos”. Es difícil de creer, pero la obesidad no se siente como un largo proceso, es como si un día la vida empezó a ir demasiado rápido y frenamos “en seco” ahí, sobre la báscula, con un resultado que es imposible de manejar y con una realidad que no podría ser menos halagadora, tanto física como mentalmente, ese día la vida cambia y le empezamos a borrar poco a poco color a nuestra existencia.
La obesidad es como un golpe que no deja de doler, es como ese típico raspón, que arde por días y que uno “pega” en todo lado, entonces se vuelve a abrir, esa es la obesidad; porque si no es el espejo, es el pantalón que ya no pasa de las rodillas, es el brassier que ya no sabe en cual llantita acomodarse para incomodar más, es un amigo que saluda con los ojos a punto de salirse, es la familia con sus comentarios motivacionales, es la silla diciendo “no, ahí usted no cabe”, es el cansancio de caminar 200 metros, es una mirada ajena preguntándose “y esa, a como esta, se va comer esas galletas”, es el menú de los restaurantes diciendo “lo que es sano no es rico y además, es más caro”; y así, es un todo contra uno. Y de pronto, la obesidad es la culpable de todo lo malo que vivimos, decidimos echarle la culpa a la obesidad, pero a solas, porque para el mundo uno es “un gordito feliz”, cuando han visto un gordito mala gente, o sin un sentido del humor envidiable, “el alma de la fiesta”, pero detrás de esa sonrisa y de esa burla hacia uno mismo hay un ser que no es feliz, y “esa alma de la fiesta”, muchas veces está destrozada, pero es más sencillo reírse que explicar lo que somos, sentimos o responder miles de preguntas tontas y dolorosas como: “Entonces, ¿porque no se cuida un poquito y deja de comer?”.
En el largo y cansado camino de perder peso, se nos hace difícil comer bien, parece que nada nos sacia, pero lo seguimos intentando (a medias) porque creemos que en el momento en que logremos perder todo ese peso, vamos a ser completa e inmensamente felices, por lo que nos pasamos la vida soñando con ese mañana, donde seremos delgados y atractivos, hay que admitirlo, pocas veces la salud es la motivación. Pero, ¿Qué pasa cuando ese esperado mañana, sin obesidad, llega y no es la solución para ser feliz y vivir en paz?. La realidad nos cachetea duramente y nos damos cuenta que no era el peso la razón de tanta infelicidad, pero si la infelicidad, la culpable del 90% de la obesidad, (el otro 10% es la mala alimentación), en ese momento entendemos que cuando se es obeso se come con la mente, por eso nunca parece suficiente, la comida es solo un escape, sin obesidad, ese escape está en otras adicciones, llámese, comida saludable, entrenamientos en exceso, conteo de calorías, proteínas, carbohidratos, llamémoslo, falta de auto-aceptación, disfrazada de ansiedad.

La mayoría de las personas vivimos tratando de encajar, de complacer a los demás y de quedar bien, eso en este mundo donde hay estándares de perfección en todas las áreas, es agotador e improbable, hasta el más guapo o la más linda, tienen algo que la sociedad siente que tiene el derecho de criticar, pero el juicio que nos castiga más fuerte es el que nos hacemos nosotros mismos y es por esto, que hay que tomar la decisión de aprender a vivir solo por hoy, luchar por y para uno mismo, auto-complacerse, gustarse, motivarse, ejercitarse, retarse y enfrentarse, aprender a amarse, dejar de ser la piedra en nuestro propio camino, arrebatarle las metas al miedo, negar la entrada a quien no sabe valorarnos, alejar a quien no nos hace crecer, exigir respeto, vivir el dolor, perder un amor, amigo o trabajo con la convicción de que hoy es el mejor y único día, y viviendo así lo mejor está por venir, si así lo decido.
Desencadenarse del pasado y vivir el día con propósito, nos da libertad para tomar la responsabilidad de nuestra propia felicidad sin importar la situación que se esté viviendo. Abraham Lincoln dijo: "la mayoría de la gente es tan feliz como elige serlo". Y nosotros podemos serlo un
día a la vez. Porque cuando aprendemos a vivir solo por hoy, nunca es demasiado tarde o demasiado temprano, simplemente disfrutamos el día con sus dificultades, alegrías, dolores, risas, lágrimas y las pequeñas grandes maravillas que tiene cada momento. Y es entonces, cuando solo
por hoy, ser feliz es el estado natural.
“Así que no se preocupen por lo que pasará mañana. Ya tendrán tiempo para eso.” Mateo 6:34


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