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La catástrofe financiera de Estados Unidos que llevó a la crisis económica al mundo puede convertirse en oportunidad para Costa Rica si se aprende de la experiencia

Aprender de lo ocurrido

El magnate de Wall Street Henry Kaufman afirmó en entrevista exclusiva con LA REPUBLICA publicada el martes, que confía en Costa Rica para realizar inversiones en bienes raíces.
Sus declaraciones, que prestigian la imagen del país como confiable para la inversión extranjera, tienen mayor peso aún por cuanto vienen acompañadas de razonamientos de este experimentado inversionista sobre la crisis económica actual.
Para Kaufman, quien fue miembro de la junta de Lehman Brothers y fungió en el Banco Federal de Reserva de Nueva York, existe una oportunidad de migración fuerte de Estados Unidos hacia nuestro país, de personas retiradas, que han sido golpeadas por la crisis y buscarían aquí recuperar calidad de vida.
Por otra parte, este inversionista apuesta por Costa Rica porque dice que en su país no tienen el dinero para operar, ya que el capital se ha destinado a salvar corporaciones. Las mismas que originaron la crisis puesto que habían crecido a un tamaño inmanejable y no eran operadas por los socios, quienes lo hubieran hecho con responsabilidad, sino por los accionistas que disponían de los fondos y los arrojaban a sus cuentas personales y manipulaban todo con codicia.
La credibilidad fue destruida y después de eso ningún sistema financiero va a caminar bien dice el inversionista.
Kaufman razona que se ha producido una erosión lenta del capitalismo y que ahora con las políticas del presidente Obama están entrando a una fase de socialismo muy parecido al modelo sueco.
Así las cosas, sus declaraciones deberían motivarnos para reflexionar sobre el futuro nacional en dos sentidos: por un lado aprender de los errores del mundo de las finanzas, venido abajo por malos manejos codiciosos, y por otro lado visualizar las oportunidades que se presentan para Costa Rica, que debe impulsar un desarrollo de carácter sostenible.
Son duras lecciones que deberían permitirnos romper con esos moldes que encierran en el limitado pensamiento de “nadie experimenta por cabeza ajena” y aprovechar esas vivencias para no cometer los mismos errores y, por el contrario, que lo acontecido sirva para trazar el camino correcto desarrollo.
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