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Políticos que pierden el norte y tecnócratas empoderados, se dedican a veces a usufructuar el poder en beneficio propio o de grupos y pueden llevar a una nación al desastre

Aprendamos la lección

La grave situación que atraviesa Grecia debe dejarnos enseñanzas. Más de 100 mil personas optaron por lanzarse a las calles en ese país protestando por las duras medidas que se aprobarían en el Parlamento y el domingo pasado ya 48 edificios ardían obligando a una fuerte acción de los bomberos mientras la policía lanzaba gases lacrimógenos para reprimir a los manifestantes.
El viernes anterior, el país se paralizó debido a la segunda huelga general de este año que esta vez duró 48 horas en las que los hospitales solo atendieron emergencias, Atenas se quedó sin transporte urbano y en los puertos los transbordadores permanecieron amarrados, entre otros males.
Mientras tanto, la troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y Unión Europea) esperaba la confirmación del Gobierno griego de que se pondrían en práctica los recortes acordados en el Parlamento, que significarán, entre otras cosas, reducción del 22% de los salarios mínimos y eliminación de 15 mil puestos de funcionarios públicos este año, dentro de un plan para eliminar 150 mil de estos trabajadores hasta 2015. Todo esto en un país con más de un millón de personas desempleadas.
La pregunta inevitable: ¿cómo y por qué llegó Grecia a esta situación?
Políticos que pierden el norte y se dedican a usufructuar el poder en beneficio propio o de grupos, elegidos a veces por un pueblo engañado y, en algunos casos, tecnócratas a quienes se les cede el poder para que tomen acciones equivocadas, se convierten en responsables de llevar a una nación al desastre.
Europa exige fuertes medidas a Grecia en este momento, más allá de lo que tenga que sufrir el pueblo griego, porque ven en ello la única salida para recuperar el equilibrio que necesita.
Mucho que aprender, sin duda. En Costa Rica durante la pasada administración e inicios de la presente se aumentaron en cerca de 30 mil los empleos públicos, en vez de incrementar la eficiencia y reestructurar las instituciones del Estado.
Si el ejercicio de la política se desnaturaliza en aras de solidificar una maquinaria de fines electorales o camina por impulsos aislados que pueden beneficiar coyunturalmente a ciertos grupos, pero sin un plan país a mediano y largo plazo, avalado por la ciudadanía, un país puede entrar en situación de riesgo.
Corresponde a sus ciudadanos ejercer el control para evitarlo. Pero corresponde, sobre todo, a sus gobernantes asumir la responsabilidad que aceptaron luego de un derroche de promesas de campaña.

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