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El presidente del Banco Central ha sido tajante y reiterativo en apuntar el riesgo que representa el endeudamiento en dólares para la estabilidad financiera del país, especialmente cuando los recursos son utilizados en gastos en colones


Apremiante situación fiscal


Las necesidades financieras del Ministerio de Hacienda progresivamente se han vuelto más apremiantes y pesan cada día más sobre otros ámbitos de la economía. A finales de diciembre del año pasado el Gobierno tenía un saldo en caja depositado en el Banco Central de $344 millones y ¢61 mil millones. Este es el nivel más bajo desde octubre de 2012, pese a dos exitosas emisiones por un total de $2 mil millones desde entonces. Estos recursos permitieron reducir la presión sobre las tasas de interés locales durante 2013, pero esto puede cambiar en los primeros meses de 2014.
El saldo actual en caja parece reducido al tomar en cuenta que el 20 de marzo Hacienda debe hacer frente al pago de $250 millones por el vencimiento de otro eurobono y que el Gobierno central requiere en promedio $200 millones mensuales para cubrir el exceso de sus gastos sobre sus ingresos.
Esta situación hace prever que la Tesorería Nacional requiera captar más deuda rápidamente, incluso antes del cambio de gobierno o la potencial segunda ronda electoral. Además debe decidir la mejor forma de hacerlo. Puede optar por emitir deuda interna y presionar al alza las tasas de interés, o por una nueva emisión de eurobonos por $1.000 millones aprobados para este año.
En vista de que los gastos del Gobierno son mayoritariamente en colones y que no existen más vencimientos importantes de deuda en dólares en este año, Hacienda tendría que vender esos dólares. De esta forma volvería a generar presión hacia la baja sobre el tipo de cambio.
El presidente del Banco Central ha sido tajante y reiterativo en apuntar el riesgo que representa el endeudamiento en dólares para la estabilidad financiera del país, especialmente cuando los recursos son utilizados en gastos en colones. Este argumento ha sido dirigido exclusivamente a los intermediarios financieros, que han aprovechado el financiamiento barato en el exterior para intentar proveer crédito localmente. Y, aunque se comparte su razonable preocupación, nos parece que su recomendación debe ser enfocada y atendida también por los responsables de la hacienda pública.
Es contradictorio, arbitrario e injusto que se recomiende, regule y limite a los deudores locales de endeudarse en dólares, mientras las autoridades fiscales hacen exactamente lo contrario. El impacto que se le achaca al “capital golondrina” y al endeudamiento externo de los bancos comerciales no difiere del que provoca la llegada de capital por fuentes estatales.
Cualquiera sea el caso, la próxima administración heredará la situación fiscal más apremiante de las últimas décadas.
 


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