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Jueves 21 Febrero, 2008

Apoyo a la mipyme en Israel


Hoy nadie cuestiona la necesidad de apoyo a la mipyme, habida cuenta de que en todos los países del mundo constituyen la inmensa mayoría del parque empresarial. También es aceptado que no se le puede dar el mismo apoyo a toda mipyme y que se hace necesario segmentarlas para brindarles atención diferenciada.
Lo que puede variar son los criterios para definir distintos perfiles y modelos de atención. Esos criterios son propios de cada país, considerando sus propias condiciones, visión y estrategia de los gobernantes de turno y el momento histórico.
Es muy interesante observar el caso de Israel: un país con una extensión de unos 20.700 kilómetros cuadrados, la mitad de los cuales es desierto, escasez de agua, rodeado de enemigos y con una población étnica y culturalmente heterogénea.
A finales de los 90 vive un momento histórico interesante, ante la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, casi un millón de israelíes retorna a su país, que para entonces tenía unos 17 millones de habitantes. Esta población venía de un entorno y con una formación que los hacía muy diferentes a quienes ya poblaban el país, sobre todo en términos de tipo y estilo de enseñanza, que a su vez hacía una diferencia en cuanto a las habilidades y competencias individuales.
Cómo absorber esta población adicional fue todo un reto, no había suficiente masa crítica empresarial capaz de darles empleo, acudir a inversión extranjera no era fácil ni de corto plazo, sobre todo con experiencias recientes cuyo desempeño se ubicaba muy por debajo de las expectativas, así que decidieron “ayudarles a buscar su propio pan”, mediante la creación de empresas.


Cómo hacerlo fue otra pregunta por resolver. Ya existían las incubadoras tecnológicas (high tech), para la generación de emprendimientos dinámicos, pero los nuevos pobladores no necesariamente se ajustaban a este perfil.
Entonces se crearon los Centros de Apoyo Empresarial, dirigidos a la formación de microempresas de carácter convencional, con pocos empleados y muy leve posibilidad de convertirse en grandes empresas, pero que vale la pena apoyar porque generan ingresos, pagan impuestos y son una contención para el desempleo. Este sistema se conoce como low tech.
En Costa Rica, salvo pocas excepciones, tenemos mecanismos de apoyo de carácter general, así hablamos de capacitación para la pyme, crédito para la pyme, etc. Sin embargo, en los últimos años me complace observar en instituciones públicas, bancos y las ONG, algunos elementos diferenciadores y de especialización.
Hay muchos ejemplos, pero para muestra un par de botones: Proyecto entre INA, MEP y CNREE para la generación de microempresas en poblaciones con alguna discapacidad. Alianza entre Instituto Nacional de Acueductos y Alcantarillados y Banco Popular para brindar atención integral a los acueductos rurales (crédito, garantías y servicios de desarrollo empresarial de Fodemipyme) para convertirlas en pymes en gestión del agua.
Ojalá la experiencia de Israel y lo que ya hemos generado por nuestra propia creatividad tica, se puedan unir y apoyar cada día de mejor manera a las micro, pequeñas y medianas empresas que constituyen más del 98% de nuestro parque empresarial.

Lucy Conejo Vargas
Master en Administración de Empresas