Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 15 Mayo, 2008

Apostillas

De cal y de arena
Alvaro Madrigal

Casquivana la muchacha, su familia no admitió jamás que en su seno había una puta. Simplemente porque ella no cobraba por sus servicios. Nunca entendieron sus cercanos que en medio había una cuestión ética; no legal ni económica. Es exactamente lo que está sucediendo en este país con el amparo social brindado a esa manada de malandrines que escuda sus pillerías tras la argumentación de no ser ilegales, sin reparar —ni les importa un pito— en las reglas de la ética y la moral que valida esta sociedad. Así es lo que ha sucedido en la Liga Deportiva Alajuelense, reflejo de la pérdida de valores que padece Costa Rica y que amenaza seriamente todo sentido de gobierno. El desparpajo con que los jugadores asumen un hecho que lleva el sello de una violación a las reglas del fair play, que riñe con la honradez desde que configura una gratificación de un adversario; la vergonzosa incuria de los directores del equipo; y el conformismo de unos comentaristas y cronistas deportivos que ni se cuestionan qué pueden hacer ante ello ni se sonrojan al afirmar que esta corruptela es maña vieja, muestra hasta dónde ha llegado la corrosión. Lo peor es que ahí se quedará todo. No nos quejemos cuando el edificio se derrumbe.

Aquí no pasa nada. Nadie rinde cuentas y a nadie le alcanza la ley, salvo a los débiles y sin padrinos. Las acciones de Alterra cambiarán de manos. De los incumplimientos, fallas y perjuicios ocasionados por sus gestores ¿quién responderá? ¿Y qué de los funcionarios públicos que tan tolerantes han sido? Las cosas están puestas para que los nuevos accionistas más bien reciban una ampliación del contrato por cinco años más. ¿Tiene usted idea de hasta dónde llegará el cachimbal de ingresos en demasía? Lo suficiente como para convertir en chiste una simbólica multa de que se habla por ahí.

Precisó que asaltaran a una diputada y a ministros para que el gobierno rompiera su modorra. El desafío del hampa apoderado de las calles de poco o nada había servido para hacerlo entender que el problema de seguridad ciudadana que sofoca al país, merecía inmediata, recia y ejemplarizante reacción de los cuerpos policiales. ¿Ley del embudo? Igual ha pasado con el trato degradante que las autoridades migratorias de Estados Unidos aplican a muchos costarricenses, sin motivar una adecuada respuesta o siquiera la aplicación de la regla de la reciprocidad. Repudiamos los vejámenes de que fue objeto el Fiscal General de la República. E igual preguntamos cómo es que el Gobierno de Costa Rica ha aguantado en silencio otros atropellos a miembros de los Supremos Poderes. ¿Presión mediática?

Se puso a funcionar el ventilador en el Ministerio de Gobernación y Seguridad Pública. Por eso la ñisca salta por todo lado, de un gobierno a otro, de un funcionario a otro, suficiente advertencia de la gravedad de cuanto acontece. Todo un reto para que el presidente Arias demuestre que la pestilencia le es insoportable, que no tapa nada ni a nadie, que de verdad en su mandato no hay campo para la impunidad del delincuente y sí hay transparencia.