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NOTA DE TANO


Apertura: éxito económico, fracaso deportivo

Gaetano Pandolfo gpandolfo@larepublica.net | Lunes 17 diciembre, 2018

Esteban Marín,  de escasa participación en la defensa eriza. Archivo/La República

El colega Cristian Brenes publicó una información en “La Nación” que tituló: “Dirigentes hacen balance positivo del formato del Apertura”.

Recordemos que para esta competencia se eliminó la cuadrangular final y se volvió al sistema de dos semifinales, ida y vuelta.

El dirigente del Herediano, Orlando Moreira, transmite —suponemos— el sentir de sus colegas de los clubes clasificados cuando manifiesta: ”me ha gustado mucho. La competitividad y el atractivo quedaron demostrados el día que se jugaron las dos semifinales de vuelta, con tiempos extra y penales. Todo esto le puso mucha pimienta al torneo y también generó una gran expectativa”.

Y agregó: “a nivel económico también fue mejor, la gente no tiene plata para ir a un serie tan larga como la cuadrangular y, en nuestro caso (Herediano), hemos recaudado más dinero que cuando se dispuso el otro formato”.

Lleva razón en cuanto a la “platita” el dirigente herediano.

En los últimos seis certámenes, se recaudaron en promedio ¢1.100 millones y actualmente se registran ¢772 millones, sin sumar los dos duelos de vuelta de las semifinales y los ingresos millonarios de la final entre Saprissa y Herediano.

Lo que NO compartimos de la novela, es cuando estos mismos dirigentes califican el Apertura como un éxito en lo económico y en lo deportivo.

Decimos esto porque en el aspecto deportivo (y lo señalamos en la primera página de esta misma sección), el Apertura e igual o peor sucederá en el próximo Clausura, significó el entierro de primera clase para decenas de futbolistas jóvenes que se quedaron sin espacio para jugar y competir.

El ritmo del torneo es trepidante, se juegan muchos partidos seguidos y los técnicos, desde luego que prefieren salvar su cabeza, que experimentar o probar a sus nuevas figuras.

Los entrenadores, se salvan o se entierran con sus consagrados y no hay espacio para los futbolistas jóvenes y mucho menos para los talentos.

Un solo ejemplo de decenas que podemos citar en este Apertura: Luis Diego Arnáez no se atrevió a sentar a Porfirio López, a pesar de sus irregularidades, para dar paso a Esteban Marín, Darío Alfaro o al capitán de la Sub 20, Diego Mesén.

Este paso vital de sentar a un consagrado y poner a un “nuevo”, no lo hacen los técnicos costarricenses. No se la juegan y es ahí donde se gesta el entierro del talento criollo.

Entonces, deportivamente, esto nunca podrá considerarse como exitoso.




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