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Sábado 21 Noviembre, 2009

Antonio Lehmann Struve

Don Antonio Lehmann III ha muerto violentamente enfrentando a un vil maleante en desigualdad de condiciones. Asqueado de tanta delincuencia quiso dar otro ejemplo de defender el honor de Costa Rica, esta vez arriesgando y ofreciendo su propia vida.
Su abuelo Antonio Lehmann I y su padre Antonio Lehmann II crearon la gran librería que lleva su apellido. A su hijo Antonio Lehmann IV le toca ahora la enorme tarea de mantener el prestigio de su nombre multiplicado por 1.000 por su padre don Antonio. Y es que quizás la gran diferencia de todos ellos es que don Antonio Lehmann III se ganó siempre el derecho a ser llamado por todos nosotros “don Antonio” a pesar de su deseo expreso de que lo tuteáramos.
Cuando llegué a Costa Rica, hace ya 35 años en noviembre de 1974 me entusiasmó ver la cantidad y diversidad de librerías en San José encabezadas por las dos grandes Lehmann y Universal y por otras de menor tamaño y de no menor calidad como la Trejos, la López y la Germinal de la exquisita Luisa González. En los primeros de aquellos días entré en contacto comercial con la excelencia de la Litografía e Imprenta Lehmann de don Antonio, hoy LIL en manos de su hermano Federico. Pero no fue sino tres años después en 1977, cuando abrí mi propia pequeña librería, que tuve una relación más personal con él. El mismo día de la apertura fui a ver a don Antonio anunciándome, sin cita, arrogantemente como “su nuevo competidor”. Enseguida me recibió y afablemente me reclamó: “¡Competidor no! ¡Colega!”. Muchas veces en nuestros incontables encuentros le recordé haberle respondido: ¿Colega? ¿Cómo puede usted equiparar un Rolls Royce con una bicicleta?
Durante los primeros 22 años nuestra amistad se forjó y se consolidó día a día, en buena parte por ser vecinos, pero se acrecentó aún más en estos últimos diez años cuando llegamos a ser más íntimos. Pude catalogar y compartir con él sus virtudes. Era un hombre recto, estricto, íntegro, entusiasta, leal, sincero, emprendedor, visionario, generoso y espléndido, justo y justiciero, valiente en todos los campos hasta la temeridad. Incansable, a sus 75 años tenía la vitalidad de un hombre de 40; cuando tenía que emprender un trabajo en equipo o cuando compartía socialmente con sus amigos siempre era el primero en llegar y el último en irse. ¿Humilde? No tanto. ¿Cómo puede ser totalmente humilde una persona con tantos atributos positivos y a la cabeza de tantos proyectos de éxito importantes? Aunque raramente se equivocaba, por su inteligencia práctica y una experiencia de más de 60 años de librero líder, intentaba ser humilde tratándonos a todos siempre de tú a tú. Pero no bajándose a nuestro nivel, sino elevándonos a nosotros a su propia altura. Cada vez que compartía con él me quedaba con la impresión de que yo siempre salía ganando; cuando intentaba darle los méritos que se merecía lo más que lograba era salir tablas.
Curiosamente nunca recibí un regalo material de don Antonio Lehmann. Pero: ¡Qué regalazo el de su amistad!
El dolor y la rabia que nos embargan con su partida se mezclan con el pensamiento egoísta de no poder compartir nunca más de sus valores. ¿Competidor?, ¿Colega? ¡Nada de eso! Solamente amigos. ¡Amigos de verdad!

Ramón Mena Moya
Propietario de la Librería Francesa