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Lunes 12 Septiembre, 2011

Antifútbol en la Asamblea Legislativa

No hay nada peor que ver un partido de fútbol en donde uno de los equipos, al sentirse claramente inferior a su rival, opta por intentar un empate, o con mucha suerte un gane, mediante tácticas que algunos llamamos antifútbol: cometer todas las faltas posibles (especialmente con miras a lesionar las estrellas del contrincante), gastar tiempo mediante cobros y saques dilatados, lesiones ficticias, pleitos, cambios de jugadores donde el que sale prácticamente se arrastra fuera de la cancha, etc. Por dicha rara vez funciona, y la razón es muy sencilla: existe un reglamento claro y efectivo y un grupo de árbitros que velan por su debida aplicación.
En el estadio de nuestra Asamblea Legislativa nos encontramos con una situación muy similar, en donde los partidos con menor representación, quienes se encuentran en clara desventaja a la hora de una votación, recurren a su propia versión del antifútbol cuando un proyecto de ley no es de su entero agrado: mociones ad infinítum, discursos interminables, quiebres del quórum, consultas a la Sala Cuarta, etcétera.
Lo preocupante es que, a diferencia del fútbol, la efectividad de estas tácticas en el ámbito del congreso es casi absoluta y las consecuencias mucho más serias. Solo falta analizar los intentos fallidos de aprobar algunos de los proyectos de ley más importantes (y lastimosamente controversiales) de los últimos años: el CAFTA, la Ley General de Electricidad y la Reforma Fiscal.
El primero llevó años de discusión sin ningún resultado (tuvo que ser el pueblo el que decidiera mediante el referéndum), y los otros dos, después de ser reformados no sé cuantas veces, están hoy igual o más lejos que nunca de ser aprobados. Inclusive leyes mucho más sencillas y a primera vista no contenciosas, como la reforma a la Ley de Tránsito o hasta el impuesto a las sociedades, no caminan porque a algún diputado no le gustó un punto o una coma de más. ¡Cómo puede ser que seamos víctimas de los caprichos de unos pocos individuos!
Me es difícil comprender lo que motiva a estos diputados a adoptar una estrategia tan claramente nociva para el país. Lo único que se me ocurre es que quizás piensen que el pueblo le va a achacar la inoperancia del congreso exclusivamente a los partidos mayoritarios, de manera que en las próximas elecciones logren un vuelco a su favor. Claro, esto sin pensar que aunque se diera el cambio su partido llegaría a tener la mayoría en un congreso igualmente incapaz de hacer nada, o sea que de cualquier manera el claro perdedor es el país.
¿Cómo puede ser que nos encontremos ante esta situación? La respuesta es simple: a diferencia del fútbol, el reglamento de la Asamblea no es efectivo ni existe un árbitro que ponga orden. Imagínense que en el fútbol no existieran tarjetas amarillas o rojas, o que los jugadores pudieran tomarse todo el tiempo que quisieran a la hora de hacer un saque de banda, ¿qué sucedería? Eso es básicamente lo que pasa en la Asamblea, no hay límites de tiempo ni de tácticas obstruccionistas, y el resultado es que nadie mete goles y terminamos con empates a cero que ni siquiera nos dan un punto.
La solución clara es reformar el reglamento. Es más, argumentaría que no existe en este momento un proyecto de ley más urgente e importante que este, ya que sin él de nada sirve discutir cuáles leyes deben tener prioridad en la agenda ni organizar comisiones para discutirlas porque nunca se llegarán a votar.
El grave problema es que esta reforma es en sí un proyecto de ley que tiene que ser aprobado por la Asamblea, y es obvio que los partidos minoritarios harán todo lo posible por que no se apruebe una versión que les reste poder. Es por eso que insto a la opinión pública a exigir la aprobación de esta reforma, solo con una fuerte presión de todos vamos a lograr tan importante resultado.

Rodolfo Echeverría Martín