Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 30 Diciembre, 2013

Para conocer las consecuencias de las acciones debemos poder predecir no solo las directas e inmediatas sino también las indirectas y mediatas


Año nuevo, año electoral

El nuevo año es un año electoral y abundan los llamados a votar. No creo mucho en ellos. Para mí no es votar por votar, sino votar de manera informada y a consciencia.
Quien no se siente preparado para escoger entre partidos y candidatos, bien hace si ejecuta su derecho de no votar, y deja la elección en manos de quienes han tenido la posibilidad de prepararse para hacerlo con conocimiento de las posibles consecuencias de su predilección.


Por eso para mí el llamado al ciudadano debe más bien ser a que reflexione, analice y vote —de acuerdo con sus preferencias sí— pero con conocimiento de las posibles consecuencias de su selección.
¿Qué es lo mínimo que deberíamos saber para escoger candidatos y partidos para la presidencia y las diputaciones?
Creo que lo primero debe ser cuáles serán sus previsibles acciones al frente de la gestión para la cual quieren ser elegidos. Y claro, no se trata de simplemente conocer cuáles son sus deseos e intenciones pues bien sabemos que de buenas intenciones está empedrado el camino de los infiernos… y no solo de las buenas intenciones que no se cumplen, sino también de las que se cumplen pero tienen consecuencias distintas a las buscadas.
Para conocer las consecuencias de las acciones debemos poder predecir no solo las directas e inmediatas sino también las indirectas y mediatas. En la vida social, muchas veces los efectos secundarios y a mediano plazo van en dirección contraria de los primeros resultados y los superan reversando el signo de lo que se alcanza. Así, lo que aparentaba ser beneficioso resulta perjudicial.
El famoso ejemplo de von Mises hace casi cien años es aleccionador. Queremos que todos los niños tengan acceso a leche. Fijamos arbitrariamente bajo el precio de ese bien y así, pensamos, los niños pobres podrán tomar leche. Pero con ese precio los lecheros pierden alimentando las vacas menos productivas, las convierten en carne y baja la producción de leche. Los niños de familias con recursos tendrán leche aunque tengan que tener una vaca en la sala de su casa… los niños pobres tendrán menos leche. El resultado final fue lo contrario de lo querido.
¿Cómo podemos saber cuáles van a ser los resultados finales de las acciones que se proponen? Para averiguarlo debemos recurrir a la ciencia, a la opinión de quienes más han estudiado objetivamente los problemas, a las experiencias que en el pasado se han vivido en nuestra patria con ese tipo de medidas y a los resultados de prácticas similares en otras naciones.
Claro que también debemos estudiar la vida de los candidatos para ver la fidelidad que tienen con sus compromisos, con la ética y con los valores de nuestro estado de derecho; los equipos con que cuentan para llevar adelante sus propósitos; sus capacidades de mando y de ejecución; sus habilidades de delegar, coordinar, controlar y evaluar acciones con sus potenciales funcionarios; sus aptitudes de tolerancia y para negociar, reconocer su propia ignorancia y rectificar errores.
Deseémonos feliz año 2014, como lo pido a Dios para todos los habitantes de este país por Él bendito. Pero a la vez pongamos de nuestra parte escogiendo muy bien por quien votar para que —no solo el 2014— sino también los siguientes años, sean venturosos para las familias de esta querida patria.
¡A Dios rogando y con el mazo dando!