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Sería positivo que en el año nuevo nuestros políticos fueran más tolerantes con quienes piensen diferente

Año de paz, de tolerancia

Comienza 2011 su cuenta regresiva. Un año intenso desde sus inicios, cuyo ímpetu se dejó sentir desde Oriente Medio con la caída de líderes autoritarios hasta en la crisis económica que abate a Europa y amenaza a Estados Unidos o las catástrofes de Japón.
También en Costa Rica, este año deja algunas suturas, en el déficit fiscal, el paquete tributario, la usurpación en Isla Portillo-Calero y la crisis de la Caja, por no mencionar problemas de vieja data, como la inseguridad ciudadana.
Hoy, cuando el minutero marque los últimos estertores de 2011, detengámonos a pensar por un instante en lo que queremos los costarricenses para el año que comienza.
Si el año que expira no nos deja grandes réditos, al menos podemos recibir el 2012 con la esperanza de que la realidad del país llegue a ser mejor.
La coyuntura en que se encuentra Costa Rica, y más aún hacia la que se encamina, demandan un mayor compromiso del ciudadano en los asuntos públicos. Cada uno de nosotros debería convertirse en generador del cambio necesario, y no sentarse a esperar que lo hagan algunos políticos, cuyo interés en la cosa pública cada vez pierde más lustre. Tampoco podemos esperar que Nuestra Señora de los Angeles nos baje todo del cielo, porque los cristianos tienen el deber de participar en su redención.
Sería positivo que en el año nuevo nuestros políticos fueran más tolerantes con quienes piensen diferente, que no vean a Costa Rica dividida entre quienes son amigos o enemigos, dependiendo de las soluciones que planteen o de las ideas que profesen.
Los costarricenses tenemos gran cantidad de asuntos pendientes que reclaman urgente solución, la equidad social, la distribución de la riqueza, la redención de la Caja de Seguro, una infraestructura maltrecha.
Es imposible imaginar una democracia que no garantice la libre expresión o en la que esté ausente la confrontación de ideas.
La tolerancia constituye la esencia misma de la democracia; la intolerancia es propia de un autoritarismo que, de ningún modo llevará el país hacia delante. Esperemos un 2012 pleno de diálogo y tolerancia —es decir, de paz— para Costa Rica.


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