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El caos vial, los accidentes en las calles y el incumplimiento a las normas de tránsito se han vuelto en el país un problema por falta de controles


Anarquía en las calles

Tanto peatones como conductores de vehículos deben ser reeducados en este país porque la actual cultura de comportamiento en las calles tiene como consecuencia muchos accidentes que podrían evitarse, muertes, incapacidades, dolor a las familias, aumento de la contaminación y del gasto de combustibles y costos para la seguridad social, las empresas empleadoras (públicas o privadas) y el país en general.
Los accidentes con motociclistas y los atropellos a peatones son las principales causas de muerte en las carreteras del país desde 2008, señala una nota de este medio ayer.
En la misma se hace énfasis en que ahora se cobrarán multas también a los peatones que crucen calles o carreteras en forma temeraria.
Lo curioso es que aunque esta posibilidad existe desde 2008, cuando se incorporó este tipo de sanción a la ley de tránsito, es recién hasta ahora que se intensifica el uso.
No obstante, no cabe duda de que el caos vial, los accidentes en las calles y el incumplimiento a las normas de tránsito se han vuelto en Costa Rica un problema por falta de controles, que debe atenderse en forma integral.
Existen muchas posibilidades de actuar, pero tal como en el caso de las multas a los peatones, no se aplica la ley.
El caso de los motociclistas es conocido por cualquiera que circule por nuestras calles.
Ellos transitan con gran frecuencia contra vía, confiados en que los vehículos que vienen por su vía correcta les darán ese espacio entre carro y carro que utilizan para pasar, adelantar por la derecha, zigzaguear, subir a las aceras y muchas otras arbitrariedades sin que sus actuaciones tengan ninguna consecuencia, excepto, quizás, cuando provocan un accidente o ellos mismos son golpeados.
Otro caso, el de los autobuses, carece también de un orden que evite las enormes presas que ellos provocan. Estos vehículos deben cargar y descargar pasajeros junto a las aceras, por lo que, lógicamente, deberían circular siempre por ese carril.
No obstante, pasan de un carril a otro constantemente retrasando el tránsito, y obligando a veces a los pasajeros a abordar el autobús en medio de la calle a más de dos metros de la acera, con grave riesgo para la gente que debe lanzarse a la calle y pasar entre otros vehículos para intentar subir al bus.
Estos ejemplos, entre muchos otros desórdenes como girar donde es prohibido por doble raya amarilla, son la práctica permanente en nuestras calles, demostrando que existe un serio problema desatendido por las autoridades.
Este problema, desde luego, requiere un manejo integral que va desde educación vial hasta intervenir sancionando a la gente que comete infracciones.
 

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