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Miércoles 19 Marzo, 2008

Con el lector
Amigo del alma

Gaetano Pandolfo

…el pollito volvió a casa.
Fue de las últimas frases que le escuché a Buby Baumgartner antes de su muerte.
Un sábado por la tarde de inicios de febrero fue con su señora Anelena a despedirse de un grupo de amigos. Sabía de su final y no quiso decirlo. Nos abrazó a todos, uno a uno y nos deseó suerte.
Cuatro días antes de su fallecimiento fui a visitarlo a su casa; agonizaba y no quise verlo. Su esposa entró al dormitorio, regresó y me manifestó:
— Le dije que aquí estaba Tanito (así me llamaba) y pudo decir: ¡Mi amigo del alma!
Hoy te devuelvo la frase, mi adorado Memo.
Fuiste amigo del alma.
Lo del pollito fue una constante por la vía del teléfono durante noviembre y diciembre; Dios nos puso en una encrucijada; mi nieto Daniel de ocho años y mi amigo Guillermo se enfermaron por la misma época. Un extraño virus obligó al internamiento del niño durante dos semanas en el benemérito Hospital, casi al mismo tiempo que Buby se hacía los exámenes médicos por un fuerte dolor muscular que empezó a resentirlo.
El apoyo espiritual de Memito y Anelena fue diario y espontáneo, bellísimo. Llenador.
No hubo un solo día de internamiento de mi nieto, en que ese querido matrimonio no entrara en comunión con mi familia. Rezaron, hicieron cadenas de oración y le pidieron a Dios por la recuperación de Daniel, paradójicamente, mientras Buby moría.
— ¿Cómo sigue el pollito? —me preguntaba.
— Creo que ya lo tocó la Virgencita. Ya le veo color en los cachetes. —Le respondía.
— ¿Y vos, cómo seguís, Memito?
— Me duelen mucho las costillas, me aprietan, me duele: duermo con almohadones en los costados. No puedo estar sentado mucho en un mismo lugar… me canso.
— Estamos rezando por tu salud, Buby, todos tus amigos.
Diciembre, enero, febrero… no se pudo.
Daniel sanó, Buby se nos fue.
Amigo del alma.
¡Qué clase de señor!
Conocer a Buby, a Anelena, a sus cuatro hijos y nietos fue un privilegio que nos dio la vida.
Amigo incondicional, hombre profundo, prudente, analítico, a todo le entraba con bisturí; a la ciencia, a la política, a la religión, a la economía, al espíritu.
Vivió enamorado de lo espiritual.
Profesional y asesor de multinacionales, viajó y vivió en todo el mundo; el universo fue su hogar, hasta que quizá hastiado de presenciar y ser testigo de negociaciones no siempre claras y pulcras, de las que nos hablaba por horas en su rica tertulia, regresó a casa con su música, libros y pinturas para darnos a sus amigos la inmensa dicha de tenerlo cerca.
Memito era un fuera de serie; sabía y le gustaba el fútbol; apasionado de Internet, sus correos iban del chiste ingenioso hasta lo más analítico de la teoría cuántica, de la que era profundo conocedor.
Buba le decían sus adorados nietos; Buby lo llamamos sus amigos; a Guillermo Baumgartner Sáenz lo conoció y respetó el universo de las finanzas. Un viejazo de 69 años.
Memito…
…el pollito está en casa; en tu caso la voluntad de Dios dispuso otra cosa. ¿Sabes qué nos consuela, Buby?
Que la Virgencita que tocó a Daniel, hoy la tienes a tu lado.
¡Dichoso!