Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 1 Febrero, 2013

Las dos Américas enfrentan desafíos muy dispares. ¿Podrán algún día encontrarse, o se trata de líneas paralelas?


Américas: unión y desunión

Quizás como nunca en estas últimas semanas se ha visto el contraste entre la dos Américas, separadas hoy por el muro y la sangre que corre en el Río Bravo. Mientras los Estados ya no tan Unidos parecen estar dando las primeras pero serias muestras de ser afectados en su identidad nacional misma, o, más exactamente, en la conformación del Estado nación surgido a partir de la Guerra de Secesión, Nuestra América, la Latina y el Caribe, dan muestras de una unidad que tan solo pudo soñar el Libertador.
En efecto, si algo me llamó la atención en las recién pasadas elecciones norteamericanas no fue la reelección de Obama, sino su discurso llamando a la unidad nacional. ¿Por qué y para qué?
La primera respuesta es la de reconocer que el país está dividido por el enfoque que los dos partidos dan a problemas cruciales para su futuro inmediato, tales como la deuda y la crisis fiscal, o las políticas sociales, la legislación en torno a la inmigración o la tenencia privada de armas.
Todo eso es cierto y provoca apasionados debates en el Capitolio y en la opinión pública.
Pero las últimas elecciones muestran que la crisis nacional es mucho más profunda. Me explico. Ocho de los estados del Sur han visto crecer la lista de votantes que quieren una separación total del resto del país, como no se había visto desde los tiempos de Lincoln.
Se me podría decir que eso no es ninguna novedad, pues en Texas, por ejemplo, hay periódicos que propugnan la creación de una república independiente y soberana. En algunas librerías de Los Ángeles descubrí que había estantes con libros que decían que si California fuera una nación soberana, sería la novena potencia económica del mundo.
Pero lo importante y novedoso en las recientes elecciones es que el número de “secesionistas” ha crecido y es superior a los 650 mil.
Lo anterior no es un caso aislado, pues en el mundo se da una tendencia, que parece irreversible, tendiente a la desintegración de los Estados Nación.
Lo vemos en el Reino ya no tan Unido en que Escocia quiere la independencia. En España, catalanes y vascos consideran a Madrid la capital de un gobierno extranjero. Pero para el Tío Sam lo que está pasando en el vecino del Norte es más preocupante.
Cabe, entonces, preguntarse si los Estado Unidos van hacia una “quebequización” de su política interna. ¿Se encuentra esta grave cuestión en el trasfondo del llamado de Obama a la unidad nacional?
La reciente y galardonada película sobre Lincoln plantea el tema como la obsesión central del Presidente, que no dudó en darse poderes dictatoriales y enfrentar una guerra civil cuyo recuerdo aún desangra la memoria de los sureños.
El contraste con lo que está pasando al Sur de Río Bravo es, dentro de este contexto, aún mayor. Porque en Santiago de Chile, luego de rendir homenaje a Allende y de reconocer que el mérito de esta unión bolivariana de Nuestra América es, ante todo, de Hugo Chávez, se le entregó la presidencia a la Cuba revolucionaria y, así, aislar al Norte.
Definitivamente las dos Américas enfrentan desafíos muy dispares. ¿Podrán algún día encontrarse, o se trata de líneas paralelas? ¿Euclides o Riemann?

Arnoldo Mora