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La evolución del crecimiento de América Latina en los últimos meses ha sido admirable a pesar de la crisis, según la Comisión Económica para América Latina. Pero debería ser mayor

América Latina puede dar más

Las señales de recuperación de las economías durante el último trimestre del año pasado permiten augurar mejores perspectivas para el comercio latinoamericano en 2010.
En un informe divulgado ayer, la Comisión Económica para América Latina refuerza la apreciación sobre una mejora en la actividad económica regional, respecto a los resultados obtenidos a finales de 2008 e incluso principios de 2009.
La evolución del crecimiento de América Latina durante estos últimos meses ha sido admirable, a pesar de la crisis, según la organización. Pero esta debería ser mayor. ¿Qué hacer para infundir dinamismo y sostenibilidad a este crecimiento incipiente?
Para empezar, es vital hacer rentable la acumulación de capital humano porque entonces las personas invertirán más en sí mismas, y en sus hijos, y esa inversión hará subir el ingreso per cápita.
Las prioridades deberían ser invertir en educación y atención de la salud y facilitar la innovación tecnológica ampliando la apertura al comercio internacional, por ejemplo.
Hay que recuperar el tiempo perdido en cultivar políticas aislacionistas y contraerse a reformas de mercado en lugar de avances tecnológicos que estimulan la productividad. El exceso regulatorio y la debilidad institucional fomentan la informalidad en la actividad económica y frenan la productividad.
En las últimas décadas una crisis tras otra ha trabado el avance del ingreso per cápita. Pero la expansión actual tiene una base más sólida.
La coyuntura brinda la oportunidad de afianzar la estabilidad macroeconómica mediante reformas fiscales que flexibilicen los presupuestos, fomentar la equidad a través de las reformas tributarias y laborales, y derribar obstáculos estructurales a la inversión y al espíritu de empresa.
Las instituciones monetarias, en medio de una etapa de afianzamiento han estado presentando modelos cuantitativos para la fijación de metas de inflación en sus respectivos países. Pero persisten las inquietudes sobre la profunda desigualdad e inflexibilidad del gasto y la eficiencia de los servicios de atención de la salud y si se pueden lograr beneficios sustanciales para el bienestar social.
Todos estos temas tenían originalmente un carácter provisional, pero hoy amenazan con hacerse permanentes, lo cual exacerbaría la inflexibilidad de las políticas fiscales en la región.
La buena noticia es que la definición del estilo de crecimiento de la región en los próximos años abre un espacio para las políticas productivas. El desafío para las finanzas públicas podría acentuar la búsqueda de un patrón de especialización más diversificado y con mayor contenido de conocimiento.
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