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Lunes 7 Marzo, 2016

 Una verdadera democracia debe progresar, hacerse de su propio desarrollo y esto, justamente, queda en manos de las propias naciones que aspiran a alcanzar ese desafío

América Latina: en búsqueda de un régimen democrático consolidado

“La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, una frase célebre del político y decimosexto presidente de Estados Unidos, Abraham Lincoln que, indudablemente, refleja el propósito y la esencia de la verdadera democracia. A propósito de esta frase y de la celebración de la conferencia titulada “Gobernabilidad democrática y participación ciudadana en América Latina” organizada por la Fundación Arias, se debe priorizar el tema de la democracia dentro de la agenda latinoamericana.
Un régimen democrático es mucho más complejo que solo elecciones y la libertad de expresión. La real esencia de la democracia se encuentra en un conjunto de principios e ideales, símbolo de un régimen de convivencia político y social en el que se genera consenso por las mayorías, pero con respeto irrestricto a los derechos de todos los individuos, incluso a los que son parte de la minoría.


América Latina, actualmente, presenta una extraordinaria paradoja en esta materia. Por una parte, puede sentirse totalmente orgullosa de las naciones democráticas; sin embargo, por otra parte, los países latinoamericanos sufren de profundas desigualdades, serios niveles de pobreza, un crecimiento económico insuficiente y una extendida insatisfacción ciudadana. Costa Rica no escapa de ello, sin embargo, las diferencias son predominantes. De acuerdo con el informe de The Economist Intelligence Unit (EUI), en el año 2015 únicamente dos países de la región —Uruguay y Costa Rica— fueron calificados con el nivel de democracias plenas.
Entonces, ¿qué rumbo debe tomar la actual democracia latinoamericana? Para el alcance de un régimen democrático consolidado es necesario redirigir la visión latinoamericana hacia una garantía de la seguridad democrática acompañada de una efectiva gobernabilidad y buenos principios que reflejen el ser y la verdadera esencia de lo que representa América Latina.
El alcance de una verdadera democracia no debe limitarse a una intención acompañada de promesas, se debe centrar en la generación de un debate que promueva la calidad de una democracia real, la búsqueda de una conciliación entre el régimen democrático y el desarrollo económico en el marco de sociedades cada vez más cambiantes, más diversas, más complejas y más modernas con el objetivo primordial de que la propia democracia logre responder a la cantidad de demandas que surjan en la nación.
La cuestión democrática en América Latina, indudablemente, es un pilar fundamental y característico de la región, por tanto, es necesario enfatizar en que se debe volver la mirada una vez más hacia los factores que procuren una seguridad democrática en los próximos años, si la región latinoamericana desea seguir disfrutando de una plataforma democrática plena. Una verdadera democracia debe progresar, hacerse de su propio desarrollo y esto, justamente, queda en manos de las propias naciones que aspiran a alcanzar ese desafío.

Tetyana Tarapata
Internacionalista