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Jueves, 13 de diciembre de 2018



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América Latina debe analizar con mucha atención la inversión china

Bloomberg | Miércoles 27 mayo, 2015

Xi Jinping en enero prometió que la inversión directa china en América Latina alcanzaría $250 mil millones en el próximo decenio. Bloomberg/La República


América Latina debe analizar con mucha atención la inversión china

En una gira por América Latina la semana pasada, el premier chino Li Keqiang deslumbró a sus anfitriones con acuerdos potencialmente de gran envergadura.
Los líderes latinos no deberían permitir, empero, que la fiebre del yuan los ciegue a su necesidad de establecer una relación más equilibrada con China, uno de sus socios económicos más importantes.
El viaje de Li a Brasil, Chile, Colombia y Perú se funda en la visión que planteó el presidente chino Xi Jinping en enero, cuando prometió que la inversión directa china en América Latina alcanzaría $250 mil millones en el próximo decenio, y predijo que el comercio anual bilateral podría ascender a $500 mil millones.
En los últimos 12 meses, las compañías chinas anunciaron un 37% más de acuerdos que los celebrados el año anterior.
China ya eclipsó a los Estados Unidos como destino más importante para las exportaciones sudamericanas. Y ahora es el mayor acreedor anual de América Latina.
¿Qué tienen de malo los vínculos más estrechos con una de las economías más dinámicas?
En principio, nada. En la realidad, empero, el patrón de los acuerdos de América Latina con China plantea problemas.
En el último decenio, por ejemplo, China compró una gran cantidad de soja, trigo, mineral de hierro y petróleo, pero no demasiadas exportaciones manufacturadas de la región (menos de 2%, a decir verdad), y las inversiones de China se realizaron mayormente en los sectores extractivos.
O sea que las exportaciones hacia China han producido menos empleos (y menos desarrollo de conocimientos) que las exportaciones a otras regiones.
Además, el comercio y la inversión de China se han centrado en productos y proyectos que representan un gran costo ambiental en desforestación, gases de efecto invernadero y uso del agua.
La escala de Li en Brasil se propuso señalar un cambio respecto de este enfoque. Habló de proyectos de infraestructura ambiciosos, inversiones en finanzas e industria, compras de mineral de hierro, órdenes por aviones Embraer, y de levantar la prohibición china que pesa sobre las importaciones de carne brasileña.
Y la presidenta Dilma Rousseff, por ejemplo, tuvo buenas razones para hablar de los acuerdos —por valor de $53 mil millones, dijo su administración— dado que enfrenta una economía estancada, un escándalo político y un desastre fiscal.

Bloomberg