Amenazas de Maduro no impiden que empresas se vayan de Venezuela
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Las multinacionales que se quedaron en Venezuela durante más de una década de nacionalizaciones, escasez de dólares y pérdidas, lo hicieron con la expectativa de que, a la larga, la situación mejoraría en el país petrolero. Ahora, hasta ese grupo resistente está tirando la toalla en tanto la economía hace implosión.

Kimberly-Clark, fabricante de Kleenex y de Huggies, dijo el 9 de julio que suspendería las actividades en el país sudamericano. En los dos meses anteriores, Latam Airlines, el operador más grande de América Latina, Deutsche Lufthansa y Grupo Aeroméxico SAB dijeron que dejarían de volar a Venezuela. Este año, también General Mills y Bridgestone dijeron que se retiraban.

Los anuncios demuestran hasta qué punto la situación se deterioró en un país que está sentado sobre las reservas de petróleo más grandes del mundo y fue en su momento uno de los más ricos del globo. Esas empresas probablemente no puedan volver en el futuro inmediato a este país de 30 millones de habitantes, y algunas perderán muchos de sus activos. El presidente Nicolás Maduro se mostró con ánimo implacable el martes por la noche, calificando de “bandidos” que reciben órdenes del gobierno estadounidense a las últimas empresas que terminaron o redujeron sus operaciones en Venezuela.

“Abandonar Venezuela no es una decisión fácil porque el mercado venezolano tiene un gran potencial”, dijo en una entrevista telefónica Henkel García, director de la consultora Econométrica con sede en Caracas. “Muchas empresas están trabajando a pérdida para tratar de aplazar la decisión hasta el final debido a la importancia de este mercado”.

Kimberly-Clark mencionó un “deterioro persistente” de las condiciones económicas y de negocios en Venezuela para justificar su decisión de irse en un momento en que la inflación sube y la economía se contrae.

El precio de salir de Venezuela es evidente.

Todas las fábricas que “están paralizadas serán recuperadas”, dijo Maduro, al respaldar la toma de las instalaciones de Kimberly-Clark por los trabajadores. El gobierno propició la misma respuesta cuando Clorox anunció que cerraba sus puertas en 2014. Ese mismo año, Maduro advirtió a las aerolíneas que se retiraban que no se les permitiría volver.

Citigroup Inc. también anunció esta semana que reducía algunas operaciones en Venezuela, poniendo fin a la llamada banca corresponsal con el banco central y otros clientes privados. La empresa se apresuró a señalar que no se retiraba, pero Maduro fue igualmente veloz para protestar. La decisión de Citigroup fue parte de un “bloqueo financiero”, dijo.

“Estamos evaluando todas las medidas legales contra todos estos bandidos”, dijo Maduro el martes por la noche, refiriéndose a Kimberly-Clark y a Citigroup. “¿Ustedes creen que dos firmas, una industrial, Kimberly; y la otra, una de las principales firmas, Citibank, en el campo financiero, actuarían sin recibir órdenes y el beneplácito del Gobierno de los Estados Unidos?"

Un portavoz de Citi dijo que la decisión no se debió a motivos políticos y que el banco ha emprendido acciones similares en otros países este año.

Las amenazas del gobierno impiden que las empresas funcionen a capacidad plena en Venezuela. Los contratistas petroleros han venido reduciendo la actividad de perforación este año después de que el país necesitado de efectivo se atrasó en sus pagos por más de $1.000 millones, poniendo en peligro la producción de la materia prima que aporta al gobierno 95% de sus ingresos por exportaciones. En junio, la producción de crudo cayó hasta un mínimo en 13 años.



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