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Unos 2 mil vendedores informales se movilizan por San José
Ambulantes y policía en tregua
Existe tolerancia que permite ventas callejeras, a pesar de prohibición legal

Para doña Patricia Estuardo la posibilidad de vender su mercancía en las calles de San José depende de la habilidad de acomodarse al ritmo de los policías municipales.
En el quehacer diario de esta comerciante informal confluyen horarios y sectores a los que deben amoldarse, junto a los miles de vendedores ocasionales que transitan por bulevares y aceras capitalinas.
“Si uno no estorba los (policías) municipales lo dejan trabajar”, confirma quien ya tiene cinco años de estar en el negocio de las ventas ambulantes, en el centro de la capital.
Un trabajo de seguimiento a la actividad de estos comerciantes, llevado a cabo por LA REPUBLICA durante cuatro días, verificó que a pesar de que la legislación es clara sobre ese tipo de ventas, existe una tolerancia que las permite.
Sobre el particular, la Ley de Ventas Ambulantes y Estacionarias (6587) confirma que para llevar a cabo esa actividad hay que obtener una patente municipal.
Cualquier persona que sea encontrada violando esa ley deberá enfrentar una multa en efectivo (¢3 mil), además del decomiso de la mercadería.
A la fecha, la práctica aplicada es la destrucción inmediata de lo incautado.
A pesar de lo anterior, es un hecho que ninguno de los cerca de 2 mil vendedores que ofrecen sus mercancías en forma irregular, cuenta con los permisos de ley.
El bloque que abarca desde la avenida tercera hasta la sexta, y desde calle 20 hasta calle 5, es el escenario donde en forma itinerante se efectúan las ventas ambulantes.
A diferencia de los acontecimientos de 2009, cuando una batalla campal entre la policía y los informales acabó en sangre, hoy el intercambio entre ambulantes y consumidores se da en tranquilidad.
En esa oportunidad, un operativo de la policía municipal, que pretendió decomisar la mercadería a cuanto vendedor ambulante encontraban, degeneró en una batalla campal en la que hubo heridos en ambos bandos.
Hoy, el acuerdo entre las partes permite que se den las ventas al tiempo que hay presencia policíaca.
Mientras las parejas de efectivos municipales se desplazan en una cuadra, los informales ofrecen y venden en otra, pero siempre atentos al paso de la autoridad; así lo verificó La REPUBLICA.
En el momento en que divisan a los efectivos, un silbido o el grito de ¡ojo! funcionan como el aviso para que en segundos la mercadería vaya a parar a mochilas, bolsas no transparentes o sencillamente un pequeño cuadrado de plástico negro, justo del tamaño de las películas que tienen para la venta.
Los vendedores ocasionales han adquirido tal confianza que hasta ofrecen conseguir cualquier pedido que el cliente solicite.
“Uno no tiene que andar en carrera para comprarles. Se puede ver y comparar; y hasta se mide uno las cosas (risas...)”, sostuvo Beatriz Rodríguez, vecina de Hatillo 8 y cliente frecuente de los ambulantes que ofrecen sus mercaderías en el bulevar de la 4º avenida.
“Si no le queda o lo quiere en otro color, ellos se lo llevan al día siguiente o unos días después”, agregó la cliente.
También parecieran existir acuerdos en cuanto a los horarios durante los cuales pueden ofrecerse las mercancías informales.
Entre 7 y 9 de la mañana, de 2 a 4 de la tarde y después de las 6.30 p.m., son los horarios durante los que hay mayor tolerancia por parte de las autoridades.
Fuera de esos espacios, la presencia de la policía municipal es mayor y por consiguiente los ambulantes se ven mucho menos, aunque siempre se mantienen en las calles.
Este diario procuró obtener la posición del municipio josefino respecto a esta situación, pero aunque varios funcionarios se comprometieron a referirse a las irregularidades mencionadas en esta nota, ninguno lo hizo.

Ernesto Villalobos
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