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Alta demanda en zonas como Escazú, Santa Ana y Curridabat aumenta plusvalía de bienes raíces
Este y Oeste de la capital son las áreas más cotizadas
• Inseguridad, problemas sociales y falta de infraestructura vial restan atractivo a lugares como Desamparados, Alajuelita y Tibás

Karen Retana
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Escazú, Santa Ana, Curridabat y ciertos distritos centrales de San José se consolidan como las zonas más calientes en el negocio de bienes raíces.
La tempestad económica que mermó la bonanza inmobiliaria este año, no logró opacar el atractivo que poseen estas localidades para vivienda y comercio.
La demanda no solo es reconocida por diversos corredores de bienes raíces sino también por algunos desarrolladores, quienes han apostado por concentrar sus proyectos inmobiliarios en estas localidades.
El desarrollo en el Oeste se ha dirigido a un mercado costarricense de alto nivel económico y de extranjeros que viven en el país. Mientras que en San José, el Programa de Repoblamiento de la capital y sus incentivos para la inversión crearon un polo de desarrollo que empezó a gestarse en La Sabana con la construcción de diversas torres de condominios que pretende capturar al ejecutivo joven.
La mayoría de propiedades ubicadas en las zonas “calientes” superan los 200 metros cuadrados a excepción del concepto loft que va desde 70, hasta 110 metros cuadrados.
El dinamismo que experimentan estas localidades se demuestra con la proliferación de solicitudes en permisos de construcción.
San José, Escazú y Santa Ana ocupan las primeras posiciones en cuanto a trámites, con 802 mil metros cuadrados en conjunto a setiembre de este año, de acuerdo con estadísticas del Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos (CFIA) y la Cámara Costarricense de la Construcción.
A ellos los secundan en atractivo Curridabat, La Unión y algunos barrios cercanos a estos cantones, los cuales en los últimos dos años han ganado terreno en la comercialización de bienes raíces para una clase media alta que busca residenciales y condominios horizontales.
Parte de las características que hacen de las zonas de moda sitios muy cotizados son la ubicación geográfica, facilidad de accesos a las principales vías, infraestructura de servicios como disponibilidad de centros comerciales, restaurantes, bares, cines, centros bancarios, escuelas y colegios.
Otro de los atractivos que busca el comprador es que la zona ofrezca una combinación para interactuar con la empresa, familia y amigos, y que a la vez brinde seguridad.
De ahí que Escazú, Santa Ana y algunas localidades capitalinas se convirtieron en las más cotizadas.
En contraste, la ausencia de estas características, especialmente la seguridad ciudadana, ha repercutido en la pérdida de interés por localidades como Desamparados y Tibás. En la primera también afecta la carencia de facilidades en carreteras, es uno de los cantones más poblados del Area Metropolitana y el congestionamiento vial es latente.
En el caso de Cartago su debilidad obedece al estilo de vida que caracteriza a su población, mientras que en Tibás se perciben deficiencias en la adminis
tración municipal.

A diferencia de los precios que se cotizan en las zonas de moda, que pueden arrancar desde $1.200 el metro cuadrado, en las zonas menos atractivas para vivir pueden rondar los $400 el metro cuadrado.
El costo de la tierra varía no solo por la ubicación, sino también por los acabados de la obra y el tipo de servicios que conviven alrededor.
En el gremio reconocen que pese a la crisis económica los precios de los proyectos se han mantenido estables; no se han incrementado ni disminuido drásticamente.
Las rebajas podrían andar en el orden máximo del 10% y surgen producto de una negociación entre vendedor y comprador, no de una promoción masiva, sostienen en el sector.
Incluso algunos desarrolladores han apostado por dar en alquiler sus propiedades mientras logran colocar su inventario de proyectos terminados.
Esto debido a que si bien hay compradores la capacidad de endeudamiento de la gente no califica para las nuevas exigencias del sector financiero.

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