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Un Estado eficiente siempre requerirá infraestructura para cumplir sus obligaciones y no corresponde a una buena administración de los fondos públicos que se gaste en alquileres para suplir esas necesidades

Alquileres inconvenientes

En algún momento probablemente a los gobernantes costarricense les pareció que lo mejor era comenzar a alquilar para diversas necesidades de las instituciones del Estado. O tal vez, debido a la costumbre de gobernar para apagar incendios esta aparecía como la única solución viable.
Como resultado, hoy vemos que se gastan sumas millonarias de dólares en alquileres de edificios y hasta en predios para mantener guardados los vehículos que se retienen en diversos operativos.
Solo este año el Consejo de Seguridad Vial invertirá ¢430 millones para esos fines en zonas rurales según lo informa este medio ayer. Pero son enormes las sumas que se gastan por alquileres de edificios para diversas necesidades de la administración pública.
Curiosamente, las cuentas no salen porque hasta las amas de casa, que tan sabiamente suelen administrar los fondos familiares, saben que es mejor, si se puede, pagar una hipoteca para que al final una propiedad sea patrimonio de la familia que pagar un alquiler por viviendas que siempre serán ajenas.
¿Cuántos edificios serían a la fecha patrimonio de los costarricenses si en vez de alquilar se hubiera construido con esos fondos? No tenemos los números en este momento pero todo parece indicar que no se escogió el camino correcto.
Esto sin entrar a considerar lo dicho por algunos corredores de bienes raíces que afirman la existencia de terrenos de mucho menor costo en las mismas comunidades donde se están alquilando predios por parte de entidades estatales.
Es hora, sin duda, de enmendar. Los cálculos deben hacerse para que los gastos puedan amortizar las deudas que momentáneamente se adquieran para construir todo aquello que se constituya en necesidad permanente para el Estado.
Un Estado eficiente siempre requerirá infraestructura y espacios para cumplir con sus diversas obligaciones y no corresponde a una buena administración de los fondos públicos que se gasten sumas millonarias en alquileres para suplir esas necesidades.
Por otra parte, cuando se recurre a esos alquileres, como es sabido, las edificaciones utilizadas no han sido diseñadas para esos fines, por lo que no pueden reunir los requisitos que sí deben tener si se construyen atendiendo a la naturaleza de las instituciones que albergarán.
Es hora de revisar lo hecho y reencauzar lo necesario en esta materia.
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