Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 12 Diciembre, 2011


¿Alma o dignidad?

La persona más sabia que conozco, que por supuesto es mujer, madre y mayor que yo (porque la sabiduría reside en todos los aspectos anteriores, más la inteligencia y el sentido común), me comenta una entrevista televisiva con Juan Delval, catedrático español de sicología evolutiva y autor de “El mono inmaduro”.
Busco la entrevista en Youtube y concuerdo con las declaraciones del especialista que afirma que los seres humanos somos los animales más indefensos, los que tenemos más dificultades para sobrevivir.
Mientras que cualquier mamífero está casi listo para estar solo a los pocos días de nacer, nosotros vivimos 12 meses de dependencia total, más toda la infancia y adolescencia. Cuando tenemos 18 años, y la ley nos declara adultos, creemos estar preparados para la vida. Si miramos hacia atrás, una década después, y otra, y otra, nos damos cuenta cuán equivocados estábamos.
Lamentablemente creemos que somos el ombligo del mundo. Algunos porque piensan que son más inteligentes que los demás; otros porque están convencidos que su belleza los coloca en otro espacio; no faltan quienes creen pertenecer a la “aristocracia” e imponen su superioridad de clase; están los que detentan el poder político y/o económico y lo ejercen y los que están convencidos que su grado académico los coloca muy por encima de la masa inculta. Creemos que no somos animales, que pertenecemos a una raza superior a ellos. ¡Qué ilusos!
Tal vez tengamos mayor capacidad de aprendizaje que otros animales, pero somos los únicos mamíferos que tropiezan más de dos veces con la misma piedra. Nuestra capacidad de raciocinio nos juega malas pasadas y creamos escenarios subjetivos para volver a lo mismo con nuevas justificaciones.
También nos define la dignidad. Cuando la vida nos enfrenta con nuestra condición de animales viejos y nos hunde en el dolor físico y en el vacío mental, alguien debería poder hacer algo.
En el Hospital Blanco Cervantes, que frecuento a diario, veo una gran cantidad de pacientes desahuciados. Seres humanos que van perdiendo día con día todo lo que en algún momento los hizo ser quienes eran para convertirse, nuevamente, en animales indefensos.
Y aunque todos los médicos y enfermeros saben que muchos de sus pacientes solo saldrán de ese lugar de una manera, ni la ley ni la religión les permite ayudarlos a morir.
Que un ser humano en la tercera edad sin ninguna posibilidad de recuperación tenga que permanecer en vida “hasta que Dios lo llame”, no me parece lógico.
Los doctores junto con un abogado (por cuestiones legales obvias) deberían consultar a la familia y, si esta está de acuerdo, tener el derecho de acortar el sufrimiento del paciente.
Somos animales. Si tenemos una mascota vieja y/o enferma, no dudamos en detener su sufrimiento, en solicitar a un veterinario que lo duerma.
Pero como los seres humanos tenemos alma, no tenemos derecho a una muerte digna. ¡Quisiera ser un pez!

Claudia Barrionuevo
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