David Gutierrez

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Martes 18 Octubre, 2011


Alianza, ¿por Costa Rica?


El mes de mayo anterior y de cara a las elecciones legislativas, cinco fracciones se unieron bajo el llamativo nombre de “Alianza por Costa Rica”. Este grupo de diputados parecía tener como único propósito el apropiarse del Directorio Legislativo y carecía de una unidad ideológica, ya que reunió sin ningún reparo tanto a ideólogos de izquierda como de derecha.
Sin embargo, de la conformación de esta alianza surgía algo muy positivo: tanto los partidos como los líderes que tradicionalmente habían sido los abanderados de la destrucción de ideas y del “no se puede”, ahora tendrían la obligación y responsabilidad de cambiar ese tono por uno de búsqueda de “cómo sí” y de aportar ideas creativas.
En otras palabras, se les ampliaba su rol al pasar de ser un partido político en oposición a casi todo, a uno que debería buscar y proponer soluciones.
Algunos, tal vez ingenuamente, pensamos que sería la oportunidad ideal para que la “Alianza por Costa Rica” enviara un mensaje de su rol positivo por medio de la reforma del disfuncional reglamento legislativo, concebido para una Asamblea Legislativa bipartidista.

Nos esperanzamos con que, al menos, se pusiera plazo final para la votación de proyectos y así se eliminaría el filibusterismo legislativo que por años y en tantas ocasiones fue utilizado por los ahora miembros de esta nueva alianza.
Igualmente, algunos pensamos que sería la oportunidad ideal para que se pudieran aprobar rápidamente aquellos proyectos de ley de importancia nacional en los que había coincidencia entre el Poder Ejecutivo y algunos miembros de la Alianza. Lamentablemente, nada de esto ha ocurrido aún.
Lo que sí es rescatable, y que en parte podría atribuirse a la existencia de la “Alianza por Costa Rica”, es la reciente negociación entre el Poder Ejecutivo y el PAC para promover la aprobación de nuevos impuestos.
Independientemente del contenido de la reforma tributaria, hace rato que el país necesita saber que sus líderes políticos son capaces de dialogar, negociar y llegar a acuerdos, todo bajo la práctica premisa esbozada en 1772 por el reconocido escritor francés Voltaire: “Lo perfecto es enemigo de lo bueno”. El país necesita que haya acuerdos y que los temas importantes fluyan.
Lamentablemente, algunos políticos y sectores de la prensa insisten en desprestigiar la negociación política. Le llaman “traición”, “pacto” y dan a entender que tras esas negociaciones se esconden grandes deformaciones de la moral.
Esas personas deben entender que la negociación es clave en la vida de todas las personas, pero sobre todo en la vida política de un país que, además de polarizado, está paralizado.
Si por la víspera se saca el día, no deberíamos de esperar grandes resultados de la Alianza, ya que al existir tantas diferencias ideológicas entre sus integrantes el proceso es muy complejo y puede retrasar las negociaciones que el país necesita para salir del atolladero.
Sin embargo, más allá de esta alianza actual, a lo que debemos apostar positivamente es al regreso de los acuerdos y la negociación política transparente, que permitan agilizar la toma de decisiones en el más alto nivel, principalmente entre la Asamblea Legislativa y el Poder Ejecutivo.

David Gutiérrez
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