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Miércoles, 8 de julio de 2020



COLUMNISTAS


Algunas reflexiones preliminares sobre la apertura a la economía post-COVID-19

Miguel Angel Rodríguez [email protected] | Lunes 13 abril, 2020


La inmensa ignorancia sobre el desarrollo de la pandemia que sufrimos, y sobre sus perjuicios económicos y sociales, hace aún mayor el desconocimiento sobre las maneras más adecuadas de volver a la normalidad y sobre las condiciones económicas que viviremos pasada la crisis de salud. Pero me atrevo a plantear algunas reflexiones muy generales sobre la recuperación de “la normalidad” y posteriormente pretendo hacerlo sobre el mundo del mañana. El objetivo es que todos contribuyamos a generar opinión sobre temas que nos pueden facilitar evaluar las acciones que hoy se deben tomar.

Partimos de un hecho cierto: el mundo y Costa Rica somos hoy más pobres que antes de la pandemia, y seremos más pobres que hoy cuando termine el contagio masivo que sufre la humanidad. Nuestro PIB per cápita probablemente caerá este año más de un 3%. Este empobrecimiento lo genera en primer término la propia enfermedad con su afectación directa a la fuerza laboral; en segundo lugar, las medidas de distanciamiento social por la paralización o disminución de la producción que en determinados sectores provocan; en tercer lugar nos empobreceríamos -aunque no nos hubiera nunca llegado esta epidemia- por sus efectos en la economía mundial; y lo afectan también positiva y negativamente las políticas públicas que se siguen frente a la enfermedad y a sus secuelas económicas.

Las condiciones concretas que en Costa Rica enfrentaremos estarán en buena parte determinadas por la condición de arranque de nuestra economía antes de la pandemia, las cuales nos muestran fortalezas en el acervo de reservas, la solidez del sistema financiero, la baja expectativa inflacionaria, la estabilidad del tipo de cambio y la diversidad y profundidad de nuestras exportaciones de bienes y servicios. Pero a la vez nos señalan una muy frágil situación fiscal, que incluso produjo recientemente una baja en la calificación de Moody´s de nuestra deuda externa; una producción con un bajo crecimiento que está por debajo su de su tasa natural y que se viene desacelerando desde 2015 y que el IMAE indica que -después su aceleración en el segundo semestre del año pasado- del crecimiento de nuevo disminuyó en enero y febrero de este año; un desempleo y una informalidad inusualmente altos y crecientes y la muy fuerte afectación del turismo, cuya recuperación es esencial para volver a una cierta normalidad.

Otros factores determinantes de nuestra situación posterior al COVID-19 son el tiempo que se tarde en llegar a la terminación de los contagios masivos y la capacidad que tengamos para reiniciar los contactos sociales sin generar una segunda ola de la epidemia, las acciones gubernamentales que se han tomado y se están adoptando frente a la pandemia y las condiciones en que quedarán nuestros principales socios comerciales.

He venido insistiendo en la necesidad de tener claridad en el orden de prioridades de la acción gubernamental y en tomar muy en consideración los efectos futuros de las acciones que para mitigar la enfermedad y el empobrecimiento se toman hoy. Para poder hacerlo con alguna racionalidad es preciso, a pesar de nuestra ignorancia, vislumbrar cuándo y cómo se dará la salida del distanciamiento social.

Las respuestas son muy difusas y ni siquiera sabemos medir cuando será el momento más apropiado para iniciar la apertura camino a la normalidad, por que desconocemos cuanta gente se ha infectado y cual es la tasa de trasmisión del COVID-19. Tomando en consideración las experiencias de los países que iniciaron el contagio de este coronavirus antes que nosotros, pareciera probable que si se logra aplanar la incidencia de la epidemia -como parece que se va logrando- podríamos iniciar la normalización a fines de mayo o en junio.

¿Vamos a estar preparados cuando llegue ese momento?

Sabemos que la liberalización del distanciamiento social, probablemente por regiones, será más complicada de lo que ha sido imponer las restricciones a la sociabilidad. También que deberá ser paulatina y controlada para evitar una segunda ola que vuelva a demandar riguroso aislamiento y nos empobrezca aún más.

También sabemos que sería muy costoso atrasar la liberación de parte de la fuerza laboral para que se reanuden actividades productivas hoy cerradas, cuando llegue el momento oportuno para hacerlo.

Para lograr una apertura exitosa el planeamiento de esa etapa debe ser muy adecuado y es de esperar las autoridades lo estén preparando con un equipo que incluya personas de excelencia profesional en muy diversas ramas, y con la mayor colaboración posible de los entes internacionales (El BID tiene un grupo trabajando en este tema, y “estoy seguro” el Banco Mundial también), de la academia (nacional y mundial) y de empresas que operan en el país y tienen conocimientos y experiencia en áreas relevantes de salud y tecnología. Se necesita el conocimiento y el intercambio de profesionales muy diversos para acertar entre tanta ignorancia.

Además, para cuando sea el momento de la apertura deberíamos tener ya disponible la ampliación de instalaciones y el aprovisionamiento de equipos y personal entrenado que permitan al sistema hospitalario atender la cantidad de pacientes que se esté presentando. Eso no será fácil. La competencia entre las naciones más poderosas para equiparse se está dando de manera desalmada y contra las reglas del comercio internacional. Como si eso fuera poco, varios países industrializados han impuesto inexcusables prohibiciones de exportar suministros médicos requeridos para la buena atención de los pacientes y la protección del personal de salud. Esas acciones atentan contra necesidades básicas de la mayoría de los países, y deben ser enfrentadas vigorosamente por medios de acción internacional.

Para ir restableciendo la producción, la liberación gradual de los trabajadores en una primera etapa demandará contar con una capacidad de realización de pruebas del COVID-19 que haga posible constatar que las personas que se incorporan a la vida normal estén libres de este coronavirus. En las condiciones indicadas, alcanzar esa posición en un par de meses es una tarea nada fácil.

Bien ha hecho el Sr Presidente Alvarado en invocar la ayuda de la Organización Mundial de la Salud para que intervenga a fin de facilitar a los países más vulnerables el acceso a pruebas, medicinas y vacunas contra covid-19. Creo que en esta misma dirección y utilizando la ventaja que nos brinda el buen nombre de Costa Rica en la Organización Mundial del Comercio (a pesar del aguacate), también se debería pedir la intervención de esa entidad para facilitar nuestro acceso a esos instrumentos indispensables para una exitosa vuelta a la normalidad. Como ha señalado Bill Gates la primera medida que los líderes mundiales deben tomar es: “asegurarse de que los recursos mundiales para luchar contra la enfermedad estén distribuidos eficazmente; me refiero a las mascarillas, los guantes y las pruebas diagnósticas. Esperamos que, al final, haya bastantes para todos, pero mientras el suministro mundial sea limitado, tenemos que tomar decisiones inteligentes. Por desgracia, en estos momentos no siempre se está haciendo”. Y deben hacerlo porque como también en los indica: “ayudar a los demás no solo es correcto, sino que es inteligente”.

Se necesitará también la información del expediente de salud de la CCSS para que las personas más vulnerables sigan en aislamiento y protegerlas asegurando su distanciamiento social.

Además, en esta primera etapa será necesario mantener la eficiencia y el sacrificado y excelente funcionamiento de los servicios de salud, para atender los casos de COVID-19 que se seguirán presentando, y afinar el sistema de seguimiento para determinar los posibles contagios causados por cada paciente, de modo que se pueda seguir controlando la magnitud del impacto epidémico y se asegure no sobrepasar la capacidad de atención del personal de salud, de respiradores, campos en cuidados intensivos y medicinas.

Este último punto será una especial limitación, por una parte, por no haberse completado la conectividad del país especialmente en las zonas más alejadas, por la pobre ejecutoria de los recursos destinados a ese fin provenientes de la apertura del monopolio de telecomunicaciones, y por las limitaciones tecnológicas que dificultan usar los mecanismos sofisticados empleados en algunas naciones asiáticas. En esas naciones se actúa con información del celular de cada persona que registra los celulares de otras personas con las que ha tenido contacto. De esa manera se determina los posibles contagios producidos por cada persona que sufre el COVID-19. Superar estas limitaciones tecnológicas demandará lo mejor de la creatividad y el ingenio de nuestros profesionales y empresarios tecnológicos, y la cooperación de multinacionales con conocimientos de punta que laboran en nuestro suelo. Puede venir en nuestra ayuda la acción conjunta de Apple y de Google para construir un sistema de seguimiento de los contactos basado en Bluetooth, que alertaría a los usuarios de los celulares con esos sistemas operativos cuando entran en contacto con personas que hayan estado expuestas al coronavirus.

Por otra parte, se dificulta el uso por parte del gobierno de información personalizada para determinar contactos y posibles contagios, por la mala experiencia que recientemente se tuvo de Casa Presidencial con UPAD y el decreto que pretendió una intromisión de ese ente político en datos sensibles de las personas. Este tema podría ser superado si se establece una legislación especial que establezca procedimientos y controles adecuados que impidan el uso de esa información con fines políticos o para cualquier fin distinto al de combatir el COVID-19, tal vez con supervisión multipartidista de la Asamblea Legislativa.

En esta etapa las empresas, especialmente pymes e informales, requerirán apoyo financiero, un ambiente propicio al emprendimiento y que se les facilite información de calidad para su toma de decisiones.

Como es evidente estar preparados para el inicio de la apertura de los sectores productivos es una tarea muy demandante. Y a todas las dificultades señaladas se une la urgencia de reanudar las corrientes turísticas hacia nuestro territorio, lo cual, aunque será muy difícil, lo podremos hacer si seguimos siendo capaces de tener éxito en controlar la difusión de la epidemia. Pero requerirá mucha creatividad y posiblemente establecer algunos controles en los aeropuertos de origen de los pasajeros para evitar tener que poner en cuarentena a todos los pasajeros por descubrir un caso sospechoso al llegar a nuestro territorio.

Por las dificultades tan grandes para poder abrir oportuna y exitosamente nuestra producción, la planeación para hacerlo debe ser de muy alta calidad.

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