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Alemania dividida por basura nuclear
Gobierno defiende traslado y almacenaje de desechos, activistas exigen seguridad

Los enfrentamientos por el convoy de basura radiactiva que está cruzando Alemania saltaron ayer de las vías al ámbito político, donde Gobierno y oposición se enzarzaron en una fuerte disputa por la política energética y el dispositivo policial.
Los once contenedores “Castor” con 123 toneladas de residuos altamente radiactivos se encuentran desde esta ayer en Dannenberg, la última estación del recorrido, donde pasan del tren en el que atravesaron Alemania a los camiones en los que van a recorrer los veinte kilómetros restantes hasta Gorleben.
Este trasvase es una operación delicada que precisa de hasta quince horas, por lo que la caravana de camiones no podrá partir hasta la madrugada del martes, según los expertos.
Este último tramo será el más penoso para los contenedores ya que varios miles de activistas, cientos de tractores y varios rebaños de ovejas han bloqueando la calzada por la que deben cruzar los camiones rumbo a Gorleben.
Los activistas que se manifiestan desde el viernes en contra del traslado reclaman que las 123 toneladas de desechos nucleares transportados en un tren de Francia hacia Alemania son los más radioactivos en la historia y que el lugar donde se depositarán (una mina de sal abandonada) es inseguro.
Exigen que sean devueltos a la planta procesadora, la nuclear francesa Areva que insiste que el cargamento no es inusual.
El Gobierno alemán calificó ayer de “necesidad sin alternativa” el traslado de residuos radiactivos en un convoy a través del país y su almacenamiento en el depósito atómico de Gorleben (norte), pese a las protestas de los antinucleares.
“Hemos utilizado esa electricidad (procedente de la energía nuclear). Eso produce basura de la que tenemos que ocuparnos. No podemos ignorar esto”, aseguró el ministro de Medio Ambiente, Norbert Röttgen, de la Unión Cristianodemócrata (CDU).
La oposición responsabilizó ayer al Ejecutivo de la canciller Angela Merkel de la violencia que se vivió el domingo en las proximidades del depósito nuclear de Gorleben (norte de Alemania) y que acabó con varios policías y activistas heridos.
En septiembre, el Gobierno de centro-derecha aprobó la prórroga de la vida de las 17 centrales nucleares del país una media de doce años, ocho años para las más antiguas y 14 años para las más modernas.
Esta decisión, sustentada en motivos económicos y energéticos, revocaba el acuerdo alcanzado en 2000 por el entonces gobierno socialdemócrata-verde de Gerhard Schröder, según el cual la última central en Alemania debía cerrarse el año 2021.
Sigmar Gabriel, presidente del SPD, incidió también en este asunto y ligó el retraso del apagón nuclear con el polémico mantenimiento de la actividad en Gorleben, que oficialmente es un almacén temporal pese a llevar dos décadas en funcionamiento.
En declaraciones a la cadena de televisión NDR, Gabriel acusó al Gobierno de querer emplear Gorleben, de facto, como un emplazamiento de basura nuclear de largo plazo ya que “las centrales atómicas tienen que funcionar más” tiempo.
El viaje del convoy de basura radiactiva hasta el depósito nuclear, que comenzó el viernes en la planta de reprocesamiento de La Hague (Francia), se ha visto interrumpido en numerosas ocasiones por las acciones de miles de antinucleares y acumula el mayor retraso de su historia.

Berlín
EFE
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