Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 22 Enero, 2015

Dado que el caso Daniel Soley lleva mucho contenido ético, mejor le iría al Presidente si no subestimara las observaciones de Ottón Solís


De cal y de arena

Al inteligente por señas…

Cayó el Viceministro de la Presidencia, víctima de su propia inexperiencia política. Ya no había jerarca alguno en el seno del gobierno dispuesto a compartir la conflagración que despedazaba el reducto burocrático en que había venido actuando Daniel Soley.
Nadie, ni siquiera quienes lo lanzaron al fuego con una encomienda que solo un niño de teta en política podía aceptar, salió a sostenerlo en medio de la tormenta.
¿Por qué quienes urdieron la burda trama no se la echaron a la espalda y sí optaron por apelar a un párvulo para llevar hasta la procuradora general de la República la torva disposición del Poder Ejecutivo a nombrarla embajadora?
La diligencia —sinuosa, arropada en una hipócrita expresión amistosa— sugería entre líneas una salida a quien se sentía sumida en una relación. La intención fue evidente: quitarse de encima a quien en Zapote algunos ven como una incómoda funcionaria, pues en su escritorio se han producido veredictos mal encajados por la Casa Presidencial.
Lo dice el refrán: al inteligente por señas; al tonto ni a palos. Fue una diligencia condenada al fracaso por estúpida, por impertinente, por ayuna de sentido político. Aunque ya desbaratada por un escándalo que no ha concluido, arriesga a convertirse en un incendio que le va a costar la vida política a alguien más.
No será el presidente Solís quien reciba —como le ocurrió al presidente José Rafael Gallegos— “las más expresivas gracias por la moderación y honradez con que ha llevado las riendas del ejecutivo”. Pero sí será alguien que ha dado abundantes pruebas de ineptitud política para desempeñarse como la mano derecha del mandatario.
Y si solo es por obra de la tozudez de don Luis Guillermo que el Ministro de la Presidencia no cae, es obvio que lo que sí va a quedar reducido a cenizas es la autoridad moral y la ética del gobierno.
Este expediente es otro más que se suma a la nutrida lista de torpezas de que ha dado muestras un gobierno que por carencia de un sólido y potente respaldo político propio, necesita construirlo a base de negociaciones con otros partidos, viables únicamente si hay probada pertinencia política y sólida confiabilidad en las formas y los contenidos de las iniciativas de la administración.
No voy a descalificar de plano la pericia política del presidente Solís pero sí tengo en claro que por estar en medio de un círculo de allegados políticamente asténicos y por ser reacio a escuchar las críticas, está enredándose a muy temprana fecha de su mandato.
Dado que este caso lleva mucho contenido ético, mejor le iría si no subestimara las observaciones del diputado Ottón Solís, de quien él dijo el 18 de junio de 2011 que “no es un pac-ista más. Otro dirigente como tantos. Uno más entre muchos. No. Ottón Solís es el fundador, es el líder visionario que hace una década convocó a la transparencia y la ética en la función pública como la columna vertebral de la nueva política costarricense”.

Álvaro Madrigal