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Sábado 26 Marzo, 2011

Aire fresco para la Orquesta Sinfónica

Para alguien que nació y creció en medio de música clásica, de cellos, contrabajos, violas y violines, la aventura de que venga un nuevo director titular a nuestra Orquesta Sinfónica Nacional es toda una emoción, de hecho es como un sueño hecho realidad.
Recuerdo con alegría el señorío que le imprimió el maestro Hoffman a la OSN, su forma tan suave de conducir. Fue con él que aprendí a amar a la OSN, ya que con bastante devoción iba a los conciertos, gracias a mi familia que complacía mi necesidad de ir y pasar todo el concierto haciendo que dirigía.

El proceso con Komatsu me correspondió vivirlo desde su llegada como director titular, cuando con 5+1 (una época maravillosa de nuestro sexteto de jazz) nos correspondió animar la recepción luego de su primer concierto como titular. Siempre nos llamó la atención su presencia escénica, la claridad de su técnica, y su afán por proyectar a la sinfónica a nivel internacional. Fue un hombre estricto y que desde el primer momento logró hacer química con el público.
Ahora le corresponde al maestro Daniel Nazareth, un gran maestro, consolidado a nivel internacional y que llega a Costa Rica para hacer su nueva casa orquestal con una experiencia muy basta y sobresaliente. Muchos me han preguntado que qué puede haber visto él en un país como Costa Rica y su Orquesta. Yo creo que mucho.
Si bien es cierto, el talento y la entrega de los músicos de la sinfónica siempre ha estado, solo un maestro puede explotar ese diamante en bruto. El domingo pasado fui al concierto debut de Daniel Nazareth como director titular de la OSN, la sorpresa no pudo haber sido más grata. Un cambio total en la sonoridad y el balance de las secciones, un énfasis en el uso de los matices y de la riqueza que le dan a la música. Claridad rítmica, sin perder la maravillosa secuencia melódica que la música francesa de Ravel, Bizet y Saint Saëns nos ofrecía.
Vi en la cara de muchos de mis antiguos profesores, de mis actuales colegas y de mis grandes amigos de la OSN, una satisfacción por la claridad musical lograda. Vi emoción en ellos, vi una orquesta que disfrutó del concierto, porque tuvieron mucho trabajo previo. Sentí la pasión de los grandes mentores que han sido ellos para mi generación. Escuché a una orquesta distinta llena de ilusión.
En parte creo que el éxito que percibimos ese día como público se debe a que Nazareth es un humanista, un hombre que de verdad cree (como yo) que la música refleja la pureza del alma humana y está dispuesto a que la música sea un factor de cambio social. En verdad me ilusiona mucho este reencuentro de la OSN con su propia identidad.
Gracias a los maestros, amigos y colegas que se entregaron para que todo su público disfrutásemos del concierto, la verdad nos dejaron deseosos de más. Gracias por entregarse y por dar lo mejor de ustedes. Esperamos con ansia lo que nos deparen esta temporada 2011 y los años que esté el maestro Nazareth con nosotros.

Jorge Rodríguez Vives
Violinista Orquesta Filarmónica de Costa Rica.