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Viernes 15 Agosto, 2014

Un error es pensar que la alta presión mejora el trabajo de una instalación. La presión debe ser la menor posible sin que los procesos se afecten


Ahorro de energía: Aire comprimido

Las instalaciones de aire comprimido son frecuentes en plantas de manufactura y procesos, laboratorios, universidades, hospitales, locales de servicio como “lavacars”, talleres y hasta en los bancos para realizar operaciones desde el automóvil.
El corazón de la instalación de aire comprimido es el compresor cuya tarea es llevar una cantidad de aire a presión atmosférica hasta una presión elevada.


La cantidad de aire comprimida en un determinado tiempo se conoce como flujo volumétrico o, si usamos el lenguaje técnico, cfm (en inglés, pies cúbicos por minuto) y es el parámetro más importante dentro del criterio de diseño en una instalación de aire comprimido.
Un compresor (o varios) se debe seleccionar de acuerdo a los cfm que requiere una planta y no por la presión necesaria.
Un error muy frecuente es pensar que la alta presión mejora el trabajo de la instalación. De hecho, la presión debe ser la menor posible sin que las operaciones o procesos en la planta se vean afectados.
Generalmente, cuando se requieren altas presiones se comprime el aire en varias etapas repartiendo el trabajo en varios compresores que trabajan secuencialmente.
Se debe cuidar que la temperatura del aire comprimido en estos casos, no exceda ciertos límites. Entre mayor sea su temperatura, menor aire entra al compresor y disminuye la eficiencia. Se sorprenderá al saber que alrededor del 90% de la energía que el compresor suministra, se pierde en calentar el aire comprimido y no en presurizarlo que es lo que realmente se desea.
Comprimir aire es poco eficiente por la misma naturaleza del proceso. Por lo tanto, se debe poner especial atención en aquellos puntos en los que sí existen oportunidades para ahorrar energía:
1 - Seguir un estricto programa de mantenimiento con énfasis en la detección de fugas. Se dice que un 20% de las fugas son las que producen el 80% de las pérdidas de cfm en las instalaciones. Algunas fugas se pueden detectar sin instrumentos especiales mediante el siseo producido.
2 - Reducir la presión todo lo que sea posible. Una práctica útil es reducir ligeramente la presión cada semana sin que lo sepa el personal técnico y estar pendiente de posibles quejas o retrasos en la operación. Si no existen a lo largo de un tiempo, significa que la operación en la planta estaba operando a una presión innecesariamente mayor.
3 - Tener un depósito o tanque que almacene y abastezca de aire comprimido a la instalación de manera que el compresor no trabaje cada vez que se utilice aire en algún punto de la planta. Entre mayor capacidad tenga el depósito, menor energía se utilizará.
4- El punto más importante: interesarse por ahorrar energía.

Juan Cristóbal Torchia Núñez

[email protected]

M.Eng. National University of Mexico (UNAM)
Thermofluids and Energy Consultant TBCE
Member of Acesolar