Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 7 Septiembre, 2011


Ahora siguen las bebidas alcohólicas

Tomando en cuenta los problemas que han enfrentado los diputados para aprobar una ley marco antitabaco, que esté acorde con las normas establecidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ¿cómo les irá con lo que ahora está pidiendo ese organismo adscrito a las Naciones Unidas para las bebidas alcohólicas? La relación tan íntima entre la cultura costarricense y los productos que contienen alcohol pudiera hacer muy difícil que el país se alinee con lo que ahora están pidiendo los que se preocupan por el bienestar de la población mundial en cuestiones de salud.
La OMS percibe al consumo de bebidas alcohólicas como una amenaza a la salud pública posiblemente más seria que la presentada por el tabaco; además de las secuelas físicas, también está el costo psicosocial para una sociedad alcoholizada. Y ahora a nivel mundial, hay muchos más que consumen alcohol, que tabaco.
La OMS quisiera que las bebidas reciban un trato similar a lo que ya se está dando con el tabaco en muchos países (aquí si aprueban la ley los legisladores). Entre las medidas estarían la prohibición de publicidad de cualquier tipo, advertencias en grandes letras en los envases del peligro para la salud que presenta el consumo, impuestos más elevados para hacer los productos más caros y separación de los bebedores y no bebedores en lugares públicos. En este último caso ya no sería posible que una familia (padre, madre e hijos menores de edad) almorzaran juntos en un restaurante si los padres estuvieran consumiendo bebidas alcohólicas. Todo lugar debería tener sección de “beber” y “no beber.” Los menores no podrían sentarse en la segunda.
Por supuesto que habría multas mucho más fuertes de las existentes para los comerciantes que vendieran bebidas alcohólicas a los menores de edad.
Cuando los diputados en alguna comisión vieran la ley marco de bebidas alcohólicas, igual que ocurrió ahora con las tabacaleras, estarán los fabricantes llegando para hacer presentaciones en contra de la legislación y en especial en oposición a nuevos y más elevados impuestos. El mismo argumento se dará: altos impuestos provocarán contrabando desde países vecinos. En el caso del tabaco, es probable que el argumento sea algo espurio; ya cada vez son menos los que fuman y realizar toda una vuelta clandestina para evitar ¢500 de impuestos en una cajetilla para muchos no valdría la pena.
Pero en el caso de las bebidas alcohólicas, el argumento tiene más sentido. Varias décadas atrás el país tenía impuestos muy elevados sobre estos productos, y más de una fortuna se hizo importando cajas de whisky desde Panamá. Había números de teléfono que todo el mundo tenía; antes de una boda u ocasión de importancia personal, era común llamar a pedir las necesidades a los contrabandistas que ofrecían servicio a domicilio vía Ciudad Neily.
El argumento a favor de los impuestos elevados es que ayudan a sufragar los costos sociales y de salud del consumo de los productos. En contra está el razonamiento que el estado que cobra estos impuestos comienza a depender de los mismos y empieza a tener un interés en que se mantenga el consumo para no perder las entradas fiscales.
Tomará muchos años para que la ley marco de bebidas alcohólicas se implemente en el país, pero ya los productores saben que viene, y están preparándose para la lucha en contra.

Carlos Denton
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