Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

Enviar
Lunes 2 Diciembre, 2013

El presidencialismo no opera, pues otorga el poder a un grupo políticamente excluyente, e impide políticas económicas incluyentes


África Subsahariana y partidos de masas

La última década fue fructífera para el desarrollo del África Subsahariana.
El PIB per cápita había crecido solo un 0,4% por año de 1960 al año 2000. Esa fue la tasa de crecimiento menor de las diversas regiones. Las guerras de independencia cobraron un alto precio. También las luchas por el control del gobierno y el disfrute de las instituciones políticas y económicas extractivas, heredadas de la colonia. Fueron también los macabros años de las guerras genocidas.


La situación política sufrió un cambio radical.
Desapareció el apartheid en Sudáfrica; el término de la guerra fría eliminó el uso de fuerzas africanas en el enfrentamiento entre potencias; y, por el crecimiento de sus ganancias, se hizo más favorable a los intereses de los grupos en el poder compartir —al menos parcialmente— esos beneficios crecientes, antes que continuar con la represión. Así los países, en su gran mayoría, adoptaron instituciones electorales democráticas y los niveles de violencia disminuyeron sensiblemente.
El rápido crecimiento de las economías asiáticas y en especial de su demanda por minerales, han determinado términos de intercambio muy favorables para el África Subsahariana que ha acelerado su crecimiento.
Del año 2000 al 2012 su PIB per cápita creció un promedio anual de 4,45%, mayor al de las naciones ricas y al de la mayor parte de otras zonas en desarrollo.
Actualmente esos países enfrentan la posibilidad de una tercera independencia después de las luchas contra del colonialismo y las dictaduras posteriores. La independencia de la pobreza. Y para alcanzarla se necesita constituir en cada país una coalición de intereses que promueva un acelerado crecimiento económico compartido. Su principal problema es que solo un 20% de la población de cada uno tiene un trabajo formal.
Para intercambiar experiencias sobre cambios políticos y económicos nos reunimos un grupo de africanos y latinoamericanos. Lo hicimos bajo el auspicio de la Iniciativa de la Cuenca Atlántica que impulsan Johns Hopkins University y la Fundación FAES, y con el patrocinio de la familia Oppenheimer. Vale la pena recordar que esta familia, dueña de minas de diamantes en Sudáfrica, se opuso al apartheid durante la vigencia de esa oprobiosa institución.
Los partidos de masas, que incluyen en su seno intereses diversos, serían un instrumento eficaz para lograr instituciones políticas y económicas inclusivas. Pero esa institucionalidad es inalcanzable por la división tribal. Los partidos representan los intereses y cultura de las diversas tribus y se ven forzados a responder a esa realidad. El presidencialismo no opera, pues otorga el poder a un grupo políticamente excluyente, e impide políticas económicas incluyentes. Tampoco permite a los perdedores en una elección aceptar el resultado en la confianza de que podrán vencer en el futuro. Se requiere un sistema en que la conciliación de intereses entre tribus se dé en el parlamento.
Con el surgimiento en Costa Rica de los partidos que representan sectores específicos se da una situación similar. Ya no contamos con dos partidos de masas, uno de centro derecha y otro de centro izquierda que incluyen en su seño muy diversos intereses. Ahora para conciliar esos intereses debemos cambiar a un sistema semi-parlamentario. Esa es la disyuntiva.

Miguel Ángel Rodríguez