Nuria Marín

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Lunes 9 Febrero, 2009

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Afganistán y Pakistán

Nuria Marín

Uno de los cambios en la política exterior de Estados Unidos será concentrar la atención en Afganistán y Pakistán, considerada por especialistas como una de las regiones más peligrosas del mundo.
Pese a los avances en el quinquenio post 11 de setiembre, con el derrocamiento del régimen talibán, el debilitamiento de Al Qaeda, la aprobación de una nueva Constitución e integración de un nuevo gobierno (2004) y cuerpo legislativo (2005), la realidad es que hay estancamiento. Peor aún, hay notorios retrocesos.
En palabras de la secretaria de Estado Hillary Clinton durante audiencias ante el Senado, Afganistán es hoy un estado presa de la droga, con un gobierno de capacidad limitada y extendida corrupción.
Se trata de una bomba de tiempo, en la que se conjugan explosivos ingredientes: pobreza, ignorancia, droga, intolerancia y desesperanza. Pese a ayudas millonarias es uno los países más pobres del mundo, en el que la expectativa de vida es de 44 años y donde el acceso a la educación es limitado.
Para las mujeres, aunque la opresión es menor que durante el gobierno talibán, prevalecen las prácticas en las que son frecuentes la discriminación, violencia y menor acceso a la educación. Según UNESCO solo el 21,9% sabe leer y escribir.
Los grupos insurgentes (ex talibanes, Al Qaeda, y otros) se han fortalecido gracias a los abultados ingresos de la producción y comercialización del opio (mayor del mundo), a la debilidad del gobierno que controla las ciudades, pero no las partes sur y este del territorio, ni la larga frontera con Pakistán (2.430 kilómetros).
Pakistán, por otra parte, tiene sus propias debilidades con un nuevo y debilitado gobierno, con viejos problemas con India, entre otros, por Cachemira y su preocupante capacidad nuclear.
Entre ambos países se presume se encuentra Osama bin Laden y se mueve con relativa facilidad un importante núcleo de Al Qaeda, los cuales aprovechan toda oportunidad para provocar mayor inseguridad, alimentar tensiones y desestabilizar la región.
Dentro de esta coyuntura son bienvenidos la designación de Richard Holbrooke, arquitecto de la paz en los Balcanes, como representante especial de Estados Unidos en Afganistán y Pakistán, el interés del vicepresidente Biden por abordar el tema en la Conferencia de Seguridad en Múnich y el aprovechar la próxima cumbre de la OTAN para obtener mayor compromiso de sus aliados.
Afganistán y Pakistán nos brindan la perfecta oportunidad para entrar en una nueva era de interacción internacional, donde prevalezcan el multilateralismo y el respeto al derecho internacional. Para ello será esencial que cada país asuma con constructivas actitudes y compromisos concretos su cuota de responsabilidad.