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Crítica de cine
Adolescente otra vez
Zac Efron devuelve la dignidad a la comedia bienintencionada en “17 again”

Madrid
EFE

Mientras la ingenuidad prosigue su camino hacia la extinción, Zac Efron se atreve en su primera película como protagonista en solitario, “17 again”, con una propuesta anacrónica que sale milagrosamente airosa en su misión de revitalizar las buenas intenciones.
A pesar de haber cumplido con nota su papel secundario en “Hairspray” (2007), Zac Efron no ha demostrado hasta “17 otra vez” que tiene el tirón popular suficiente para convertir en éxito una película no suscrita a las iniciales HSM (“High School Musical”).
Los $40 millones recaudados en Estados Unidos en sus primeros diez días de exhibición certifican que, aunque no se despegue del todo de su bautismo en la fama —hay colegio, hay bailes y hay baloncesto—, en este chico hay madera de ídolo de masas.
“17 again”, dirigida por Burr Steers, es, otra vez, una fábula que viaja en el tiempo: un hombre de 36 años —interpretado por un decadente Matthew Perry— que siente que en su vida tomó la decisión incorrecta y que tiene la oportunidad de volver a ser menor de edad para enmendar sus faltas.
Pero no a su adolescencia, sino a la del siglo XXI: en el colegio se verá las caras con sus hijos y querrá, pese a las dificultades obvias, reconquistar a su mujer. Además, se escandalizará con la “laxitud moral” de la juventud actual.
Esta aparente locura se soluciona con la cara de niño bueno de Zac Efron y el toque edulcorado a lo Frank Capra que destila la película. Podría estar almidonado, pero es sorprendentemente fresco.
El moralismo tan directo, tan impúdico, vuelve a funcionar como si se tratara de una comedia esperanzadora de los años 50 o como si fueran esas primeras actualizaciones del almíbar más auténtico de Nora Ephron en los 90 tipo “Sleepless in Seattle” (1993).
La razón por la cual una fórmula tan caduca recupera su vigencia se basa en una reivindicación conservadora pese a todo bien resuelta, en no confundir lo increíble con lo inverosímil y, fundamentalmente, en la honestidad del propio producto. “17 again” camina exactamente por donde quiere caminar.
Claro, que de ahí a que el espectador comulgue con sus ambiciones hay un camino más o menos largo y su dirección no disimulada al público adolescente excluye por momentos al resto. Quien se encuentre con ánimos de reencontrase con esos “17 again”, no obstante, no quedará defraudado.
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