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Una nueva forma de administrar para los tiempos presentes nos urge, si queremos aprovechar las oportunidades y no naufragar en la turbulencia

Administrar en la era de la turbulencia

Del mismo modo en que las empresas en el mundo deben ahora contar con un estilo de administración que les sirva para ser exitosas en esta que algunos llaman la era de la turbulencia, los gobiernos también deben hacerlo para manejar sus países.
Esta acentuada turbulencia, la nueva normalidad, caracterizada por períodos de prosperidad y pobreza, con sus efectos de oportunidad y vulnerabilidad, deben ser superados positivamente mediante nuevas formas de estrategias y administración tanto por los empresarios como por los gobernantes.
Por ello, es muy útil esa mirada que en síntesis ofrece LA REPUBLICA cada fin de semana sobre los temas esenciales que se agitan en las aguas turbulentas por donde transita hoy Costa Rica (y el resto del mundo).
Administrar en tiempos de caos significa visualizar las oportunidades para salir adelante por medio de ellas dejando atrás las dificultades y los puntos de desencuentro que podrían agregar problemas y poner en peligro la buena marcha.
Un ejemplo de esto es la sugerencia para solucionar conflictos y entrar, de una buena vez, a la modernización de los puertos de Limón, que tanta falta hacen. Dar este paso es vital para la economía nacional.
La salida propuesta es buscar un modelo mixto de desarrollo, el cual aproveche la capacidad financiera y técnica del sector privado a la vez que conserve un papel importante para el Estado, de modo que exista una competencia real en los servicios portuarios.
Esto puede tener la virtud de acabar con los desacuerdos surgidos en torno al tema y permitir aprovechar oportunidades y seguir adelante en momentos en que, como decíamos al inicio, la turbulencia azota por varios frentes.
Por un lado, la presente administración ha recibido lo que llamamos “una cancha embarrialada”. Serios problemas de infraestructura e inseguridad que, entre otros, no fueron enfrentados por el pasado gobierno.
Por otro lado, las consecuencias del cambio climático se dejan sentir por diferentes flancos. El agro perderá $40 millones por las lluvias; el ICE tendrá que generar electricidad a base de petróleo para no dejarnos sin energía, porque no le permitimos hacer más plantas hidroeléctricas a tiempo; y urge poner al día los servicios de salud, sin entrar al gran problema clave, que es la educación, porque requiere un gran acuerdo nacional de mediano y largo plazo.
Sin duda, una nueva forma de administrar para los tiempos presentes nos urge, si queremos aprovechar las oportunidades y no naufragar en la turbulencia.


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