Nuria Marín

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Lunes 19 Mayo, 2008

Creciendo [email protected]
Adiós, papá

Nuria Marín

El pasado viernes 9 de mayo murió papá. José Luis Marín Paynter fue el hijo mayor del hogar formado por Ada Paynter Robert y José Marín Cañas. Supe por mi tía Eida que el día en que nació, mi abuelo al ver sus estiladas manos vaticinó sería pianista. No se equivocó.
Su pasión por la música lo llevó a estudiar a Boston. El recuerdo de sus brillantes interpretaciones en el Teatro Nacional aún permanece en sus coetáneos, dotes que sus hijos no pudimos saborear pues prefirió dedicarse en pleno a la conducción del Conservatorio de Música, hoy Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica o bien desde la Decanatura de Bellas Artes. Construyó obra (actual sede de Artes Musicales), pero más importante aún, forjó una nueva generación de músicos.
Su otro gran amor fue la naturaleza. De ahí sus semanales visitas a las fincas en San Rafael de Heredia las cuales bautizó como El Duende del Bosque y El Duende del Lago.
De niña, papá era una persona seria y de pocas palabras, inspiradora de gran respeto y hasta un poquito de temor, de una generación de hombres a los que les era difícil expresar sentimientos. Pero al pasar de los años, esa careta de autoridad se fue perdiendo y permitió salir al abuelo conversador y cariñoso, lo que inspiró una especial relación con sus nietos y nietas quienes como mi hija Andrea lloran desconsoladamente su partida.
Papá fue de pocos pero grandes amigos. Algunos ya han partido. Los que le sobreviven, algunos con problemas de salud, se hicieron todos presentes para brindarle un emotivo adiós al entrañable amigo.
Mi padre fue un hombre privilegiado en muchos sentidos. El más importante fue el de contar con una mujer tan extraordinaria como mamá, Nury Raventós, quien ha sido timón y ancla en nuestras vidas.
El pasado mes de enero celebraron 49 años de casados a los que se sumaban cuatro años de noviazgo. Juntos estuvieron en las buenas y en las no tan buenas, enfrentando las vicisitudes que depara la vida.
Mis hermanos Gabriela, José y Adriana tuvimos la dicha y fortuna de pertenecer a esta linda familia que con los años fue creciendo con la adición de nuevos hijos como Francisco, Susy y Antonio. Todos, incluidos los 12 nietos, pudimos rendir homenaje con pequeños pero significativos detalles durante los últimos días de papá.
Su partida nos recordó lo efímera que es la vida. Profunda llamada de atención para reflexionar sobre las prioridades individuales, sobre la energía dedicada al trabajo, negocios, academia, política y tantas otras actividades, tiempo valioso que robamos a la familia. Lección bien aprendida a la que debo decir dolorosa pero agradecidamente, gracias papá.

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