Acuerdo de aerolíneas depende de compensaciones por emisión
Un avión despega del aeropuerto de Londres. Bloomberg/La República
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El acuerdo climático de Naciones Unidas (ONU) para la aviación gira en torno a crear un sistema que exige que las empresas inviertan miles de millones de dólares para proteger bosques, construir parques de energía solar y más. La cuestión es asegurarse de que estos proyectos sean legítimos.

El acuerdo concretado en Montreal convoca a las aerolíneas a compensar el crecimiento de sus emisiones después de 2020 mediante la compra de créditos para respaldar iniciativas ecológicas. La idea es que a medida que las compañías aéreas añadan nuevas rutas, ayuden a financiar proyectos para contrarrestar la contaminación adicional que generen. Es como plantar árboles para absorber cada nuevo gramo de dióxido de carbono.
Sin embargo, qué tipos de créditos o compensaciones por emisiones de carbono se considerarán aptos y cómo verificará Naciones Unidas la integridad ecológica de estas, aún está por verse. La calidad de dichas compensaciones varía. El año pasado el grupo Stockholm Environment Institute, dijo que aproximadamente el 75% de las compensaciones ofrecidas a través del segundo programa más importante de la ONU tenía un dudoso valor ambiental, incluso hubo reclamos de que algunas fábricas rusas estaban aumentando sus emisiones únicamente para vender las compensaciones generadas al reducirlas posteriormente. En definitiva, el éxito del acuerdo de Montreal depende de asegurarse que las compensaciones adquiridas por las compañías aéreas sean auténticas.
“Debemos ser cuidadosos”, dijo Paul Steele, vicepresidente sénior de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, una asociación comercial que representa a 265 aerolíneas. “Hay una gran cantidad de créditos por ahí que no son particularmente sólidos”.
En teoría, las compensaciones por emisiones de carbono son una herramienta de suma cero para la atmósfera. Si una empresa aumenta sus emisiones en 100 toneladas de dióxido de carbono, puede comprar compensaciones para preservar un bosque en peligro, salvando suficientes árboles para absorber hasta 100 toneladas de carbono. En teoría, se revierte el daño ambiental.
Las empresas se encargan de vender las compensaciones por emisiones de carbono. Estas son respaldadas por una amplia variedad de programas, desde parques de energía solar masivos que reducen la necesidad de centrales eléctricas a carbón, hasta proyectos en aldeas chinas para cocinas a metano generado por estiércol animal.
Los ambientalistas dicen que es posible crear un programa exitoso para la industria aérea. La clave, dicen, está en establecer protocolos estrictos para verificar que los proyectos reducen de forma legítima las emisiones y no se usen también para cumplir con objetivos nacionales en el marco del acuerdo de París o cualquier otro acuerdo.
“Si podemos establecer las normas correctas, podremos construir algo duradero”, dijo Annie Petsonk, asesora internacional del Fondo de Defensa Ambiental. “El sector quiere contar con normas predecibles”.
La escasez de oferta no constituye actualmente un problema. La ONU creó dos programas de compensación de emisiones en 1997 a través del Protocolo de Kioto. El precio de los créditos ha disminuido cuatro años a niveles de alrededor del 98% por debajo de su nivel más alto, en 2008. Hay un exceso de compensaciones para la venta, y algunas de ellas son de dudoso valor ecológico, dicen los grupos ecologistas.
Renat Heuberger, que dirige el South Pole Group, en Zúrich, una inversora en proyectos de energía limpia, dice que la mayoría de las compensaciones que se pondrá a la venta son confiables gracias a las reformas promulgadas en las últimas dos décadas y a las nuevas medidas que entrarán en vigencia conforme al acuerdo climático de París.
La Organización de Aviación Civil Internacional creó un comité compuesto por ambientalistas, representantes de la industria de la aviación y otros expertos, que han estado trabajando durante tres años para elaborar criterios para el programa de compensaciones. Esperan concluir hacia fines de 2018.

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