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Sábado 27 Marzo, 2010


Actuemos ya


No creo que sus sentimientos y los míos sean muy diferentes al saber del asesinato de un niño o una niña. He visto al más drástico de los hombres y a la más fría de las mujeres deshacerse, frente a unas mejillas regordetas o unos ojitos brillantes de alguno de esos hermosos seres que nos pone Dios cada día en el camino. Tengo claro que hasta las fieras se suavizan ante el aroma, la ternura e indefensión que una criatura pequeña irradia. Hasta en el reino salvaje no es un tema de discusión la obligatoriedad de defender las crías.
Por tanto, me asalta la terrible duda de ¿qué está aconteciendo con el ser humano, qué ha muerto en este grupo de seres, qué clase de enfermedad innombrable los ha infectado? ¿Cómo es posible que mueran pequeñ@s en manos de sus padres? ¿Cómo es posible que nadie haya escuchado los gritos suplicantes, los llantos extremos de estos pobres ángeles? ¿Qué está haciendo usted para evitar que estos flagelos, este infanticidio brutal se siga dando? ¿Qué tipo de directrices ha girado a los suyos? ¿Que ha acordado su vecindario, su comunidad?
Sí, todas estas interrogantes están dirigidas a usted, porque no es solo el gobierno quien debe imponer leyes, no es este un asunto del PANI, este problema, esta situación antinatura debemos resolverla entre [email protected]
Solo con la participación activa y la concientización de cada uno de nosotros se podrá parar este mal endémico, que ha terminado con la vida de muchos niños y niñas.
No existe justificación alguna que exonere de responsabilidad a quien maltrata un niñ@, no es de recibo alegar estrés, presión económica o cualquier otro tipo de problema. Cada uno de estos pequeñ@s están aquí por nuestra decisión o irresponsabilidad, pero al final por nuestra injerencia, así que no son ellos quienes deben “pagar los platos rotos”.
Debemos iniciar las buenas prácticas que pondrán “el dedo en la llaga”, debemos dar a conocer que nadie podrá maltratar un niño o niña sin tener consecuencias, sin que sea detenido de inmediato por quien más cerca de este se encuentre.
Por tanto, toquemos puertas en los lugares en que lloran niños, pidamos explicaciones y asegurémonos que sean totalmente convincentes. Detengamos las manos de [email protected] que encontramos golpeando niños o niñas. Pasemos las barreras del individualismo y si se quiere, convirtámonos en intrusos cuando el presentimiento nos diga que algo anda mal con una criatura.
Segura estoy, y por experiencia lo digo, que tendremos que afrontar caras largas, ofensas y hasta amenazas por tales acciones, pero más segura estoy de que el Todopoderoso, ese que es a quien debemos todo y único juzgador digno, nos protegerá y verá con buenos ojos. El en su sabiduría infinita los tiene como sus ángeles terrenales, qué más se puede decir.

María Gamboa Aguilar
Especialista en recursos humanos