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Actualización infortunada

Costoso refrito de un clásico de ciencia ficción, no se acerca a la calidad del original

“El día que la Tierra se detuvo”
(“The Day the Earth Stood Still”)
Dirección: Scott Derrickson. Reparto: Keanu Reeves, Jennifer Connelly, Kathy Bates, Jaden Smith. Duración: 1.43. Origen: Estados Unidos. 2008. Calificación: 5.

El maestro Robert Wise dirigió “El día que la Tierra se detuvo” en 1951, inaugurando la época de oro de la ciencia ficción cinematográfica. Esa clásica obra maestra, inspirada en un cuento de Edmund H. North, utilizaba una premisa argumental mundana —la llegada de un platillo volador a la ciudad de Washington— para denunciar las tendencias destructivas del ser humano.
Medio siglo más tarde, inunda las pantallas internacionales un refrito costoso y decepcionante, realizado por Scott Derrickson (“El exorcismo de Emily Rose”, 2005). A pesar de sus impresionantes efectos sonoros y visuales, es un producto mediocre, que no se acerca a la excelente calidad del filme original.
Tras un prólogo irrelevante, ubicado en 1928, la historia arranca en el tiempo actual. Las autoridades norteamericanas se estremecen, ante el rápido acercamiento de un objeto no identificado. Pareciera un meteorito, destinado a pulverizar el planeta; mas resulta ser una nave espacial con forma de esfera, la cual aterriza en el Parque Central de Nueva York.
De su interior sale un alienígena con semblanza humana, quien se hace llamar Klaatu. Herido por los militares, Klaatu es llevado a un hospital, desde donde se fuga, acompañado por una experta científica y su pequeño hijastro.
La trama actualiza los temas incluidos en la primera versión, explotando las preocupaciones ambientales del público contemporáneo. Así, en lugar de un contundente mensaje pacifista, en contra de la proliferación de armamentos, se lanza un llamado ecológico, compatible con las alarmantes teorías de Al Gore.
He aquí un emisario galáctico, enviado para proteger a la Tierra de los estragos causados por el hombre. En realidad, como razones dramáticas, la contaminación y el calentamiento global no transmiten el mismo sentido de urgencia que proporciona un inminente holocausto nuclear. El concepto básico de esta modernización no deja de ser interesante, pero su desarrollo es infortunado, pues se va llenando de incoherencias y detalles contradictorios.
La falta de lógica se suma a la falta de suspenso, para concretar un espectáculo frío que nunca establece un lazo emocional con el espectador. Ello se debe en parte al desinterés demostrado por los actores, empezando por Keanu Reeves, quien pretende ser enigmático y luce catatónico. Solo John Cleese sobresale, aunque su participación como genio matemático es demasiado fugaz.
La decepción más rotunda llega al puro final, cuando “El día que la Tierra se detuvo” culmina con un desenlace inconcluso y apresurado, que defrauda cualquier expectativa.
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