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Aceptable continuación

• La segunda parte de una exitosa saga fantástica, entretiene sin repetir la magia de su predecesora.

Las crónicas de Narnia: el príncipe Caspian
(The Chronicles of Narnia: Prince Caspian)
Dirección: Andrew Adamson. Reparto: Ben Barnes, Georgie Henley, Skandar Keynes, William Moseley. Duración: 2.24. Origen: Inglaterra-EE.UU. 2008.
Calificación: 6.

Entre 1951 y 1956, el escritor británico C.S. Lewis (1898-1963) redactó los siete libros que integran “Las crónicas de Narnia”. Medio siglo más tarde, aquel ambicioso ciclo literario se ha convertido en una lucrativa serie cinematográfica.
Las recaudaciones multimillonarias obtenidas por “El león, la bruja y el ropero” (2005) sentaron las bases de la nueva franquicia. La segunda entrega no llena del todo las expectativas: entretiene, sin repetir la magia de su predecesora.
Un año después de experimentar la aventura de sus vidas, los cuatro hermanos Pevensie se encuentran en una estación del metro de Londres, cuando una fuerza misteriosa los transporta otra vez al fabuloso mundo de Narnia.
Según el tiempo local, 1.300 años han transcurrido desde que los chicos estuvieron allí. Las criaturas mitológicas están casi extintas y la tierra de Narnia es ocupada por los ejércitos de un malvado rey usurpador. Los hermanos participan activamente en una lucha impávida por derrocar al tirano y devolver el trono al príncipe Caspian, su legítimo heredero.
Uno de los puntos más débiles del filme, es la falta de peso dramático del protagonista. En la endeble interpretación de Ben Barnes, un jovencito apuesto y poco expresivo, Caspian carece de virtudes esenciales como presencia escénica, carisma y vigor emotivo. El mismo problema se extiende a casi todos los personajes, indicando un descuido generalizado en la dirección de actores. Evidentemente, el realizador Andrew Adamson se preocupa más por los detalles visuales, que por otros aspectos como diseño y desarrollo de caracteres.
Concebida para el disfrute de un público adolescente, la cinta deja a un lado los elementos épicos, las metáforas religiosas y todos los temas que podrían tener alguna trascendencia. Lo que queda es acción blanda, aderezada con tímidos interludios románticos y frecuentes paréntesis humorísticos, a cargo de simpáticas figuras secundarias, como un ratón espadachín y un enano gruñón.
Avara de sorpresas y emociones, la narración procede sin pena ni gloria. Culmina con una batalla impactante, que es lo único digno de recordar. Aquí se nota un gran esfuerzo por filmar conflictos violentos, sin enseñar ni una sola gota de sangre. A pesar de esta limitación, el resultado es espectacular.
Antes y después de esa secuencia, hay poco que señalar. “Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian” es la aceptable continuación de una atractiva saga fantástica, la cual merece mucho más que un tratamiento regular.
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