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Leopoldo Barrionuevo [email protected] | Sábado 05 julio, 2008


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Leopoldo Barrionuevo

Hay gente que no comprende qué significa el fútbol en la vida de muchos de nosotros e incluso no entienden por qué razón hay gente que viaja, se pinta el rostro con los colores de su club, grita hasta la afonía y, pese a las derrotas, sigue tan campante como Juanito, El Caminador, pero abrazado a la bandera de su equipo o bien, de su selección.

Y no me refiero al lógico atractivo del fútbol bien jugado, a los dineros inverosímiles que por escasos años de su vida circulan entre las manos de algunos bien dotados futbolistas o a las necesidades de triunfo que para olvidar otras frustraciones y amarguras necesitan las multitudes de hoy, sin por ello dejar de contemplar cómo la hispanidad celebró hace una semana la final ante los germanos. Y sin que deje de darnos sana envidia al contemplar cómo festejaron, cómo se veían los Reyes y la comunidad ibérica y por contraposición, no tanto el pesar de los alemanes que han logrado ser habituales vencedores, sino el de los ticos, tan habituados a los desfiles de entrenadores de papel, algunos de los cuales defienden con tozudez su universo de “ideas” y nos prometen una y otra vez que nos agrupemos alrededor de la “Sele” con la esperanza de una victoria siquiera sobre la Isla del Volcán Desconocido o los rejuntados de la Bahía del Orfanato de Santa Eduvigis.

Es la historia repetida de los sueños juveniles, ¿en qué momento te dio vida la cajita de buriles que me hundiste en la caída? Uno iba a jugar una mejenga de barrio contra barrio y la noche anterior no podía conciliar el sueño imaginando jugadas inverosímiles que conducían al barrio a la victoria… Pero nadie te engañaba, te mentía, te prometía o trataba de demostrarte que dirigiendo un equipo era algo más que la mamá de Tarzán envuelta en huevo.

Por eso soy de Racing Club de Avellaneda: sufrido, resistente al dolor, dispuesto al sacrificio de aguardar más de 30 años para campeonizar de nuevo… Mi sobrino Gustavo me envió antes del domingo pasado cuando Racing disputó la final para eludir el descenso a la primera “B” (no es la primera vez), este mensaje que dedico a Miguel Angel Agüero (“La Machaca”), mi colega de sufrimiento y esperanza:

Los lunes, en el trabajo, cuando hablo con la gente y les digo que fui a la cancha, me dicen: ¡Dejate de joder! ¿a qué vas? Y yo les explico lo siguiente:
Racing es un amigo que está en coma y todos los médicos lo dan por perdido… entonces ¿vos que hacés? ¿lo desconectás y ya está? No, dicen que la gente que está en coma puede escuchar… Entonces, si puede escuchar, este amigo es imposible que muera, porque tiene unas 100.000 personas que le dicen al oído… “y dale, y dale, y dale Racing dale”.

Y además me pregunto:
Cuando el amigo este se recupere, ¿lo voy a poder mirar a los ojos si nunca lo fui a ver? ¿Cómo voy a festejar con él, brindar, abrazarlo… si no estuve en los malos momentos? Sería una basura, por eso cuando me preguntan ¿a qué vas? yo les respondo:
¿Cómo no voy a ir, si sé que me está esperando?

Nos vemos el domingo en Avellaneda…
¡Vamos Academia carajo! Racing, ¡cada día te quiero más!

Nadie que haya visto la reposición del partido con el batallador Belgrano de Córdoba el último domingo o el triunfo de la Sele contra Granada, podrá negarme que la hinchada se lo ganó, gracias a su aliento.

www.leopoldobarrionuevo.com